A ratos parece que Crialese organiza "L’immensità" alrededor de la estupenda interpretación de Penélope Cruz. Cuando ella no está en el centro de la historia, "L’immensità" se siente menos impactante.
A Spike Lee le resulta muy difícil deshacerse de sus marcas de estilo: momentos hilarantes pintados con brocha gorda, guion deslavazado y tesis en mayúsculas. Eficaz y contundente, pero mucho menos lograda que la singularísima «Chi-raq».
En el plano teórico es una obra estimulante y provocativa, pero, en la práctica, por muy cruel que sea la violencia infligida a las víctimas, no consigue reventar su propia burbuja.
¿Por qué parece que no se adentra en los misterios del deseo femenino o en la relación entre arte y perversión? ¿Cuál es la intención de Guadagnino al dirigirla, además de intentar corregir al maestro Argento?
La grandeza casi gótica de su interpretación dignifica a un thriller de secuestros dirigido con la acostumbrada profesionalidad de Ridley Scott, aunque las escenas llenas de tensión se combinan con algunos patinazos singulares.
Black muestra un cierto don para el gag visual a lo Blake Edwards. Sin embargo, y a pesar del descubrimiento de Gosling como nuevo Peter Sellers, la película nunca avanza con la fluidez que se le supone.
Un thriller al estilo de James Gray, inspirado en hechos reales y con la esencia del cine de los setenta. La interpretación de Johnny Depp, excelente y contenida, le otorga una personalidad única al filme.
Se aleja de los repetitivos estribillos del biopic musical habitual para honrar el estilo mestizo, combinando dosis de improvisación y técnica que caracterizaron la carrera del compositor.
Lo más interesante es el modo en que transforma la guerra en una caza humana, en una odisea individual. Quien no conozca los detalles de la contienda puede sentirse un tanto desorientado.
Los que esperaban respuestas al misterio del asesinato no encontrarán lo que buscaban, pero sí disfrutarán de la mejor película de Ferrara en muchos años.
Este crítico piensa que [Russell] está sobrevalorado, pero al menos en «La gran estafa americana» sabe extraer oro puro de sus actores, saca fuerza de una fluidez narrativa que compensa sus altibajos y su acusada tendencia a la histeria y entretiene al más reacio.
Fracasa por completo a la hora de abordar los vínculos entre lo personal, lo creativo y lo empresarial. Aunque «jOBS» intenta revelar el lado hostil de su biografiado, la película se siente más como un extenso anuncio que celebra las virtudes de Apple.
Es la deconstrucción del cine de espionaje. Es mérito de Alfredson que nunca nos perdamos en el laberinto y que la creación de esa atmósfera opresiva e intemporal cale en los huesos de un espectador incapaz de identificarse con nadie.
La superficialidad de 'El Skylab' está tan asumida por su propio concepto, es una película tan humilde en sus pretensiones, que resulta inevitable que caiga simpática.