Lo importante en “Longlegs” es la manera en que la puesta en escena, de una elegancia tenebrosa, siembra la inquietud plano a plano. Todo contribuye a crear una atmósfera malsana.
Una durísima película con asesinatos filmados con una crudeza y sordidez que nos remite a los slashers más sucios de los ochenta, ofreciendo un sorprendente filme denuncia.
Titubeante y ampulosa, nunca acaba de encontrar su lugar en el imaginario del personaje. Intoxicada por sus elevadas pretensiones, resulta mucho más atractiva en el papel que en su proyección en pantalla.
Está aliñado con un conjunto de imágenes desprovistas de prejuicios, lo que resulta en una obra estupenda. Lo mejor de «Titane» es que se presenta como una película completamente original.
Sofocante 'film noir'. Tavernier se siente tan inclinado a incorporar subtramas y digresiones que termina por desviar la atención del relato principal.
Disparate que nos conduce, y hasta aquí podemos leer, a la Prehistoria del Big Bang, con la convicción atolondrada de un niño que está seguro de la verdad de sus propias mentiras.
La película busca reflejar la esencia alegre y algo traviesa del personaje, pero no lo consigue en ningún momento. Howard no logra transmitir ninguna emoción que no sea la apatía.
Majestuosa, no hay ninguna película de ciencia-ficción que este crítico recuerde que muestre de forma tan cuidadosa los fluidos del cuerpo. Los enigmas del universo parecen entrelazarse con los misterios del cuerpo humano.
Lo más fascinante de «Cuando todo está perdido», que vendría a ser un «Gravity» de las mareas altas, es su sentido común. Es un filme inmersivo a la antigua usanza, sin veleidades digitales ni trampas sentimentaloides.
A pesar de la habilidad con la que se logró el resultado, nunca experimentamos un verdadero sentido de peligro durante la travesía. Además, resulta confusa la revelación espiritual que experimenta nuestro protagonista al enfrentarse a un personaje que parece no tener sustancia, siendo poco más que una simple referencia.
Intenta retomar el camino de «Mujeres al borde de un ataque de nervios», pero el director ha evolucionado considerablemente como cineasta. Lo que antes fluía de manera natural, ahora se siente limitado por el artificio.
Pertenece a esa clase de películas escritas con un manual de guion sobre la mesa. Hay una lista de temas que se reparten como cartas de una baraja, pero siguiendo un orden estricto.
Puede parecer que pierde pie por la orilla ideológica, pero peor es su torpeza estética. Sería imposible encontrar otra película que masacre el espectáculo de la danza con la saña con que ésta lo hace
Juega con una cierta inteligencia no solo la hibridación de géneros sino también la construcción de una galería de espejos que hace dialogar la ficción dentro de la ficción con la propia historia del cine.