Yimou resucita creativamente con la espléndida 'Shadow', en la mejor tradición del cine de Kurosawa. La película integra la ambición, el amor y el honor en un plano donde la intimidad y la épica se entrelazan de manera armoniosa.
Todos los temas y obsesiones de Wong siguen intactos en esta película seductoramente fallida. Es un «biopic» que no quiere serlo, un «wuxia» a su pesar y un melodrama que se muestra muy orgulloso de sí mismo.
Parece un experimento juguetón ideado a la sombra de Godard. La película manipula los tiempos narrativos con una libertad casi excéntrica en el contexto tradicional del cine de acción.
Un aparatoso artificio, que se abre como un libro infantil desplegable o como un videojuego, con sus niveles narrativos y su viaje heroico, sin que lo que hay dentro consiga interesar lo más mínimo.
Lo importante en “Longlegs” es la manera en que la puesta en escena, de una elegancia tenebrosa, siembra la inquietud plano a plano. Todo contribuye a crear una atmósfera malsana.
Una durísima película con asesinatos filmados con una crudeza y sordidez que nos remite a los slashers más sucios de los ochenta, ofreciendo un sorprendente filme denuncia.
Titubeante y ampulosa, nunca acaba de encontrar su lugar en el imaginario del personaje. Intoxicada por sus elevadas pretensiones, resulta mucho más atractiva en el papel que en su proyección en pantalla.
Está aliñado con un conjunto de imágenes desprovistas de prejuicios, lo que resulta en una obra estupenda. Lo mejor de «Titane» es que se presenta como una película completamente original.
La película no logra conectar debido a su realización plana y diálogos artificiosos. Las actuaciones son forzadas, salvo por la destacada interpretación de Sergi Calleja.
Sofocante 'film noir'. Tavernier se siente tan inclinado a incorporar subtramas y digresiones que termina por desviar la atención del relato principal.
Modesta road movie, a medio camino entre el Neorrealismo y el mainstream hollywoodiense. Lo mejor: el fantástico trabajo de los actores hace creíble su arco dramático. Lo peor: no siempre logra esquivar clichés y tópicos.
Disparate que nos conduce, y hasta aquí podemos leer, a la Prehistoria del Big Bang, con la convicción atolondrada de un niño que está seguro de la verdad de sus propias mentiras.
La película busca reflejar la esencia alegre y algo traviesa del personaje, pero no lo consigue en ningún momento. Howard no logra transmitir ninguna emoción que no sea la apatía.
Majestuosa, no hay ninguna película de ciencia-ficción que este crítico recuerde que muestre de forma tan cuidadosa los fluidos del cuerpo. Los enigmas del universo parecen entrelazarse con los misterios del cuerpo humano.
Lo más fascinante de «Cuando todo está perdido», que vendría a ser un «Gravity» de las mareas altas, es su sentido común. Es un filme inmersivo a la antigua usanza, sin veleidades digitales ni trampas sentimentaloides.
A pesar de la habilidad con la que se logró el resultado, nunca experimentamos un verdadero sentido de peligro durante la travesía. Además, resulta confusa la revelación espiritual que experimenta nuestro protagonista al enfrentarse a un personaje que parece no tener sustancia, siendo poco más que una simple referencia.