Intenta retomar el camino de «Mujeres al borde de un ataque de nervios», pero el director ha evolucionado considerablemente como cineasta. Lo que antes fluía de manera natural, ahora se siente limitado por el artificio.
Pertenece a esa clase de películas escritas con un manual de guion sobre la mesa. Hay una lista de temas que se reparten como cartas de una baraja, pero siguiendo un orden estricto.
Parece un ejercicio de 'cinéma-verité' disfrazado de cine 'mainstream'. El problema más grave de la película surge cuando se rinde ante la fórmula del buen samaritano que busca establecerse, sin cuestionar la carga moral de su discurso.
Puede parecer que pierde pie por la orilla ideológica, pero peor es su torpeza estética. Sería imposible encontrar otra película que masacre el espectáculo de la danza con la saña con que ésta lo hace
Juega con una cierta inteligencia no solo la hibridación de géneros sino también la construcción de una galería de espejos que hace dialogar la ficción dentro de la ficción con la propia historia del cine.
Un delicioso espectáculo de transformismo genérico, una película que sabe ser filosófica sin pretender ser trascendente, cuyo espíritu lúdico define la obra de uno de los autores más estimulantes del cine actual.
Es fascinante cómo el montaje refleja la memoria de esa noche. Lo más destacable es su sensibilidad al explorar las conexiones entre el duelo y la memoria en medio de una catástrofe.
[Berry] sabe trascender clichés al centrarse en el estudio del personaje y su relación con otro ‘outcast’. Wright y O’Connor aportan autenticidad y calidez a sus roles, evitando caer en lo predecible.
Una redundancia narrativa que Scott no logra evitar en la puesta en escena, un mensaje menos revelador de lo que parece y, a pesar de todo, cierta sensibilidad kitsch. Es moderadamente entretenida.
Glenn Close y Mila Kunis intentan sobrellevar los clichés presentes en la trama, pero solo consiguen transmitir el complejo espectro emocional de su relación en momentos en que sus miradas reflejan una auténtica ambigüedad.
Quiere ser didáctica pero también entretenida. Si, a un nivel estructural, la película está cargada de sentido, la brevedad de algunos de sus pasajes y la dispersión de sus puntos de vista, a veces la condenan al encadenado de chistes ocurrentes.
Alayan hace un buen trabajo mostrando la enorme complejidad del conflicto cuando los secretos y las mentiras de alcoba se transforman en alta traición patriótica, aunque tiene problemas para salir de sus propios laberintos.
Propuesta tan áspera como notable, Leigh nos exige una identificación emocional aunque su enfoque estético y narrativo la niega. Esta tensión, lejos de resultar productiva, anula sus logros.
Es de agradecer que la película se contagie de la ligereza de su carisma como actor, que rehúya de cualquier lamento crepuscular y que no se regodee en el arte de la cita.
Es una simple reconstrucción de los hechos con tono de informe sumarial dramatizado, sin aportar nada más a lo que dieron los telediarios de la época. resulta tan interesante como leer las Páginas Amarillas.