Es un museo de historia natural de toda su obra, un filme crepuscular, casi testamentario. Lo mejor: Su atmósfera, su imaginería y su extraño poso melancólico.
En solo unos minutos, Jonathan Glazer ha capturado la resurrección del cine bajo un nuevo paradigma. Sin duda, una de las mejores películas de la década.
Órganos sin chicha. Violencia extrema y humor autoconsciente son un cóctel que puede dar excelentes resultados pero me temo que éste no va a ser el caso.
Entre el drama intimista y la ciencia-ficción con aspiraciones terroríficas, a 'Splice' le cuesta cumplir con las expectativas que promete su estimulante arranque.
El problema de la película radica en que la supuesta tensión dramática que se plantea nunca se logra materializar. 'Money Monster' comete el mismo error que intenta señalar: se presenta como un medio informativo, pero en realidad solo busca entretener.
Nadie duda de la sinceridad de Costa-Gavras, pero el retrato que ofrece de su protagonista es, al menos, discutible. Deja una sensación de 'Margin Call' con pretensiones pseudosatíricas, en el que solo podemos experimentar empatía ideológica.
Villanueva no logra que su reflexión sobre la guerra de sexos tenga un impacto profundo, quizás porque no logra conectar con las subtramas y mantiene un tono televisivo que limita su mensaje. Sin embargo, es meritorio su intento de llevar los elementos de la comedia romántica a nuevas dimensiones.
Si Sam Raimi hubiera nacido en otra dimensión espacio-temporal, no habría mejorado esta bizarra secuela, a su modo kamikaze, y compendio de una barroca, desprejuiciada manera de entender el cine de género.
El filme resulta poco convincente al no aprovechar la riqueza semántica que podría ofrecer una diabla de apariencia intrigante, algo que podría haberse desarrollado con más profundidad a pesar de las limitaciones de su bajo presupuesto.
Danny McBride carece por completo de chispa, la aparición de Natalie Portman como amazona vengadora está fuera de lugar y todos los chistes con penes, gays y etcétera parecen salir de un fumadero de mal opio
En esta intensa buddy movie crepuscular y violenta, lo que realmente importa es el desencanto y el agotamiento de los personajes. Mel Gibson ofrece una actuación espléndida. La singularidad radica en la forma en que Zahler maneja el tiempo en la narrativa.
Trabaja con estereotipos. El problema es que, una vez definido el comportamiento de cada uno de ellos, hay poco que añadir y la subtrama policíaca es previsible.
Si exceptuamos los puntuales delirios de grandeza, es evidente que John Michael MacDonagh ha inventado un magnífico personaje y que Brendan Gleeson interpreta con la autoridad de un actor bregado en toda clase de batallas.
Una voz en off rebosante de lirismo intenta ajustarse al tono mágico de la película, pero genera una fisura en la verosimilitud de la narrativa. Falta, por lo tanto, un poco de sinceridad que convierta esta receta exótica en un plato realmente sabroso.
El resultado es decepcionante y mediocre, asemejándose más a un folletín de mala calidad. Lamentablemente, las colaboraciones entre cine y televisión en nuestro país se limitan a una celebración superficial y sin sustancia.
Menos profunda de lo que pretende, la película sufre de un tono severo y un timbre narrativo que en ocasiones roza el ridículo, además de presentar un feroz maniqueísmo.