El dilema moral que plantea el filme, bien apoyado en la excelente interpretación del cuarteto de intérpretes, tiene suficiente fuerza para que el espectador se pregunte 'Qué haría yo si…?'.
Hay algo en ella de las viejas comedias de enredo matrimonial del cine clásico, pero también de la obra de Eric Rohmer y, por extensión, de la de Woody Allen. Es un formidable retrato femenino, respaldado por el inagotable carisma de Greta Gerwig.
La inconsistencia dramática de ese futuro posible pone de relieve la endeblez de una película que, Romeo y Julieta mediante, quiere resucitar el éxito de «Crepúsculo» en clave «arty».
Pacino se ha entregado a la experiencia con humildad, consciente de que su actuación sería evaluada con mil ojos escépticos, y ha salido victorioso de este desafío.
Propone una tesis conocida con una frescura no exenta de acidez. Como en otra película gemela, «(500) días juntos», la disección del sentimiento romántico se ejecuta con precisión meridiana.
Toda la cinta está impregnada de una palpable sensación de amenaza, como si en cualquier momento todo pudiera desmoronarse. La actuación de Elizabeth Olsen es sobresaliente.
Todos los conflictos que plantea 'Win Win' terminan ocultos. El desenlace es tan predecible como la rutina de esos suburbios americanos, que parecen ser exactamente iguales entre sí.
La película logra equilibrar la forma en que nos conectamos con el protagonista, combinando empatía y una distancia irónica en la medida justa. Sin embargo, los personajes secundarios se sienten sacrificados, actuando más como meros complementos decorativos que como figuras con desarrollo propio.
Cianfrance es mucho más eficaz retratando la ruptura que el enamoramiento. Sin embargo, este es su principal defecto: el personaje masculino está descrito desde la empatía, mientras que el femenino resulta ser un agujero negro y una máscara irracional.
Magnífica película, con una actuación impresionante de Christopher Plummer. Hay algo en 'Beginners' que resulta muy profundo, emotivo y auténtico en su manera de abordar las tristezas del amor.
Es un espacio ideal para los aficionados al cine de Woody Allen, y en varios momentos logra que una autenticidad se perciba en sus diálogos. Sin embargo, la figura central del filme es Radnor, lo cual puede restarle impacto.
Cabría acusar a Bigelow de no mojarse, pero el músculo de su puesta en escena y el extremo dominio de la forma son lo suficientemente hipnóticos para mantenernos, silenciosos, en la butaca.
Magnífica magistral película. Lo que pretende '¡Olvídate de mí!' es transmitirnos el caos del desamor y lo logra con creces; esta es la comedia romántica más tenebrosa jamás filmada.
Carece de la fuerza visual de un Dovjenko o de la pasión de un Vidor, por citar a dos cineastas que también reflexionaron sobre la relación del hombre y el paisaje que ha esculpido con sus propias manos, pero el resultado es intermitentemente poderoso.
Vampiros sin sangre. Weitz no logra aportar coherencia al conjunto, que alterna entre un relato de iniciación y un cine de terror simplificado. La película pierde fuerza, saturada de 'freaks' y efectos digitales.