Hilarante fiesta surrealista, esta película destaca por su irresistible inteligencia y su gran sentido del humor. Además, celebra el cine como un espacio de libertad, donde el artista tiene la responsabilidad moral de luchar contra la realidad.
Una fallida sátira zombi que desvirtúa la esencia del original. No logra reflexionar sobre sí misma, limitándose a apropiarse de las ideas que caracterizaban la obra japonesa.
Terror deconstruido. El problema no es lo divertida que es, sino lo lista que se cree siendo divertida. Aunque no se le puede negar la brillantez a la idea de vincular lo micro (lo visceral) con lo macro (lo cósmico) con un solo golpe de ingenio.
Lo más admirable de la película es la velocidad con que se desarrolla el conflicto, el modo en que saca partido de la pobreza de medios, el sentido del humor con que caracteriza a los personajes secundarios (...) es cine popular del auténtico
Intenta revitalizar con escasa fortuna la fórmula de las películas de monstruos de la Universal. Su estética recuerda a los peores episodios de 'Buffy, la cazavampiros', y el sentido del humor apelará a quienes disfrutan de chistes de Lepe.
Raimi ha mirado hacia atrás con cariño y ha firmado un «back to basics» con todas las de la ley. El músculo de algunas secuencias y la falta de pretensiones hacen de este autohomenaje un inteligente 'pan y circo' para público de multisalas.
Es intención de Fonzi destensar cualquier nudo. Eso juega a favor y en contra: por un lado, su visionado es puro aire fresco y, por otro, el poso que deja es tan vago y efímero como una ráfaga de viento.
El director se adentra en temas delicados, aunque su cinismo a veces elige objetivos que son demasiado simples para los dilemas morales que presenta. Sin embargo, estos objetivos suelen resultar muy divertidos.
Las mejores secuencias son aquellas en las que Trier se apropia de los mecanismos de la comedia romántica de manera cálida y empática. Es un filme que oculta sus inconsistencias tras una innegable fluidez narrativa.
A pesar de las animaciones que adornan las peripecias de Rakel, la película cae en la trampa de seguir los clichés de una comedia romántica, especialmente en su tercer acto.
Desconcertante. Una locura que recuerda al estilo de Rossellini. Su mayor fallo radica en que nunca consigue combinar su sarcasmo con la seriedad del viaje espiritual que enfrenta su heroína.
Johns y Alison Steadman logran explorar la profunda ternura de su amor en pleno otoño. Su interpretación, nada ostentosa, destaca como los pocos instantes auténticos de una película que se pierde en sus divagaciones.
Cuando vemos que "Mamá Maria" tiene un aire de vodevil, casi podríamos decir que se siente como una comedia bufa fuera de su tiempo. Esto nos hace pensar que Isabelle podría sobrevivir incluso al peor de los naufragios.
La directora sucumbe a la tentación del videoclip repleto de sonrisas y dulces. Esto hace que la película se vuelva autocomplaciente y excesivamente brillante.
Magnífica película. Assayas se comporta como un Woody Allen de la era Instagram y se aparta de la esfera de los libros para adentrarse en la de los afectos.
El cineasta finés crea una fábula sin moralejas, que narra la experiencia de los refugiados al llegar a Europa de manera sutil, apoyándose en la calidez de sus concisos personajes.