El espectáculo que ofrece esta modesta buddy movie femenina no va más allá de los fuegos artificiales que encienden las dos Catherines, pero lo mejor es que tampoco lo intenta.
Innegable brillantez satírica. Nunca cae en la tentación de simpatizar con su protagonista, presentando un retrato inquietante y hilarante de una comunidad rural llena de miserias y bajos instintos.
Monumental, extraordinaria "Sieranevada" parece densa, y lo es, porque la mirada que hay detrás sabe convertir el costumbrismo en tiempo real en una abstracción casi fantasmática.
'Toni Erdmann' es una obra excepcional. Ade logra equilibrar el tono extravagante de la farsa con una inteligencia notable, de tal forma que las escenas cómicas se entrelazan con instantes auténticamente emotivos.
Esta magnífica película subvierte los parámetros de la comedia romántica a través de un enfoque mordaz y un genuino culto a la libertad de sus actores.
Una especie de «El club de los suicidas» en clave de libro de autoayuda que Pascal Chaumeil pule de todo asomo de humor negro para reconfortar al optimismo del gran público.
Una película admirable, aunque no siempre logra alcanzar sus objetivos. Es imposible no creer de manera plena en lo que nos narra. Es evidente que [Jonze] lucha por encontrar una conclusión adecuada para su fábula tecnoromántica, pero su talento nunca se agota.
Empieza con una de las fiestas mejor filmadas de la historia, donde Toni Servillo ofrece una actuación memorable. Sorrentino tiene la habilidad de presentarnos un mundo fascinante y complejo que nos atrapa desde el primer momento.
El guión se empeña en forzar casualidades que resultan un tanto artificiosas. Lo compensa un talento natural para la tragicomedia costumbrista y para el gag contenido.
Taretto busca crear una película que resulte amigable para todos, y en ocasiones lo logra. Sin embargo, la constante presencia de las dos voces en off puede llegar a ser un poco molesta.
Película que, desafortunadamente, intenta ser una versión argentina de 'Amélie', pero Sebastián Borenzstein carece de la imaginación necesaria para igualar a Jean-Pierre Jeunet.
Payne tiene el don de hacer pasar por sencillo lo que es trabajo de genio, y su filme, que encuentra un delicado equilibrio entre lo humillante y lo sentimental, tiene la auténtica textura de un trozo de vida.
Material tan frágil hubiera necesitado un director más arriesgado. La puesta en escena es chata e impersonal, la antítesis de la supuesta extravagancia de su premisa.
Es fría y frívola a un tiempo: sus estrategias estéticas imponen una distancia con el espectador, y a la vez hacen más digerible una historia contada mil y una veces.
Da la impresión de que Sewitsky no tenía material suficiente para un largo y se extiende innecesariamente. Ni siquiera los coqueteos con la comedia matrimonial o los elementos de vodevil logran hacer efecto.
Lo más interesante es que su premisa actúa como un test de madurez para el espectador. Su verdadero tema es el paso del tiempo y cómo este afecta la percepción, a medida que los personajes enfrentan la erosión de sus propias experiencias.
Chatarrería patafísica presenta una línea argumental que explora el multiverso y los viajes en el tiempo, pero lo hace sin establecer una lógica interna coherente. Esto puede resultar confuso y restar fuerza a la historia.