Magnífica película, con una actuación impresionante de Christopher Plummer. Hay algo en 'Beginners' que resulta muy profundo, emotivo y auténtico en su manera de abordar las tristezas del amor.
Cabría acusar a Bigelow de no mojarse, pero el músculo de su puesta en escena y el extremo dominio de la forma son lo suficientemente hipnóticos para mantenernos, silenciosos, en la butaca.
Magnífica magistral película. Lo que pretende '¡Olvídate de mí!' es transmitirnos el caos del desamor y lo logra con creces; esta es la comedia romántica más tenebrosa jamás filmada.
Vampiros sin sangre. Weitz no logra aportar coherencia al conjunto, que alterna entre un relato de iniciación y un cine de terror simplificado. La película pierde fuerza, saturada de 'freaks' y efectos digitales.
La primera parte no presenta nada nuevo, pero resulta agradable de ver. Sin embargo, cuando Röskam opta por un giro inesperado hacia el melodrama poco plausible, la película cae en el ridículo, sin preocuparse por las repercusiones.
Hay algo en «A cualquier precio» que nos recuerda a la mejor y gloriosa etapa del melodrama familiar del cine clásico. La película mejora notablemente a medida que el conflicto dramático pone sobre la mesa los efectos que trae consigo la crisis económica.
Un festival de microtramas que funcionaría mejor como una ligera «websitcom». Ninguno de los personajes logra captar la atención del espectador y los conflictos resultan ser tan irrelevantes como una pizca de sal.
El viaje de la oscuridad a la luz es interesante, en la medida que se hace a través de los huecos de distintos puntos de vista, pero las trampas narrativas están repartidas por doquier a lo largo del relato para que, al final, salgan las cuentas.
Es lamentable que la película no logre definir adecuadamente el papel de su heroína, ya que en ella se encuentra la posibilidad de desarrollar un mensaje profundo sobre la bondad y la fe en momentos difíciles, un discurso que podría haberse explorado de manera más enriquecedora.
Una más en la larga lista de títulos menores de Allen, una fábula que esconde más mala leche de lo que su aparente ligereza y desaliño podrían hacer creer.
Brillante. Ozon ofrece una auténtica clase magistral sobre la construcción del relato, transformando este intrincado ejercicio de metaficción en una novela de misterio casi clásica.
La película es lo suficientemente singular, en su manera de abordar los absorbentes mecanismos del poder para crear conflicto y miseria de los que alimentarse, para mantener el interés durante todo el metraje.
A Paul Verhoeven podría gustarle esta película. Su representación del imperialismo portugués presenta la suciedad en las uñas, piojos en el cabello, muelas en mal estado y un rostro descompuesto.
Hilarante fiesta surrealista, esta película destaca por su irresistible inteligencia y su gran sentido del humor. Además, celebra el cine como un espacio de libertad, donde el artista tiene la responsabilidad moral de luchar contra la realidad.
Una fallida sátira zombi que desvirtúa la esencia del original. No logra reflexionar sobre sí misma, limitándose a apropiarse de las ideas que caracterizaban la obra japonesa.
Terror deconstruido. El problema no es lo divertida que es, sino lo lista que se cree siendo divertida. Aunque no se le puede negar la brillantez a la idea de vincular lo micro (lo visceral) con lo macro (lo cósmico) con un solo golpe de ingenio.