El interés teórico del filme parece ser abrumador para Stewart, ya que Assayas elige no enmascarar sus tics, los cuales terminan dominando el desarrollo de la historia.
Película que se toma su tiempo para comenzar, recordándonos que un ‘blockbuster’ caótico, lleno de ruido y sin sentido, es una experiencia que merece ser disfrutada en la sala de cine en lugar de en plataformas de streaming.
Parker Finn juega con la delgada línea entre la realidad y las pesadillas, logrando que ciertas escenas de 'Smile 2' sean realmente impactantes y memorables. La fuerza visual de estas secuencias es simplemente sobresaliente.
Obvia y autoindulgente, la película no presenta ninguna voz que sobresalga. Los argumentos son repetidos al extremo, lo que lleva a que la historia se ahogue en su propia ingenuidad.
Un ritual de encuentros fallidos y tristes que conforman un enriquecedor retrato de personaje. No debe molestarnos la frialdad congénita de su puesta en escena, su implacable objetividad.
La contención, la sutileza y la gama de matices que Pera aporta a su personaje es, definitivamente, el gran efecto especial de una comedia elegante y entretenidísima, que nunca sacrifica la inteligencia en favor de la risa fácil.
Parece un intento de hacer un cine popular distinto, vital y sin pretensiones, pero el resultado es demasiado tosco y autoindulgente como para tomárselo en serio.
Un singular despropósito. Del anacronismo brotan los problemas de la película: la falta de ritmo, el capricho de la acumulación, la insustancialidad de los guiños cinéfilos, los equívocos de un casting que no acaba de estar aprovechado.
Está escrita al milímetro, y su artificio está calculado para adaptarse a otro artificio, el de una representación de perversiones que despierta una sonrisa congelada en el espectador.
La película sigue ofreciendo lo mejor de sí misma en cada movimiento. Las escenas de acción son impresionantes. Resulta complicado elegir una en particular, aunque me pareció admirable todo el primer capítulo.
La enorme eficacia de “Civil War” opera en dos direcciones: en primer lugar, la película se aprovecha del ambiente prebélico en el que estamos inmersos. Además, destaca por su excepcional habilidad en la planificación de las secuencias de tensión.
“Anselm” es posiblemente el documental biográfico más significativo de la obra de Wenders, considerando su impacto político en una Europa que nuevamente enfrenta la intolerancia.
El estilo de Arnold es fresco y vívido, y trabaja las formas del realismo social de un modo muy singular. La metáfora ornitológica resulta demasiado evidente.
Un soplo de aire fresco entre tanta corrección política. ¿Acaso no hay que aplaudir a una película que no tiene sentido del ridículo, que se lanza sin paracaídas a abofetear al público? «mother!» resulta de lo más sorprendente.
Misma receta, menos sabor. Abusa de situaciones un tanto forzadas que surgen del relato con menos fluidez de lo habitual, como si los grandes cineastas belgas estuvieran cayendo en la complacencia.
Sonia Braga brilla en su papel, creando una conexión perfecta con el mundo que la rodea. Su presencia es cautivadora, y cada gesto, cada palabra y su interacción con el entorno son verdaderamente encantadores.