La contención, la sutileza y la gama de matices que Pera aporta a su personaje es, definitivamente, el gran efecto especial de una comedia elegante y entretenidísima, que nunca sacrifica la inteligencia en favor de la risa fácil.
Parece un intento de hacer un cine popular distinto, vital y sin pretensiones, pero el resultado es demasiado tosco y autoindulgente como para tomárselo en serio.
La película se desempeña con igual eficacia como un vodevil y como un inquietante examen del fracaso. Destacan notablemente el duelo actoral entre Keaton y Norton, así como el virtuosismo visual que despliega. Sin embargo, hacia el final, Iñárritu parece perder algo de control en la narrativa.
Es un pastiche de guiños, cargado de sarcasmo. Se valora la llegada de una película de acción con abundantes tiroteos, explosiones y persecuciones, que no teme mostrar su esencia.
Lo que comienza de forma inquietante y sarcástica se retuerce sobre sí mismo. Como parábola, tiene un corto alcance, ya que su mensaje resulta demasiado genérico y desenfocado para tener un impacto duradero.
La interpretación de Skarsgard rescata a una película que combina, sin mucho acierto, elementos del cine de gangsters con toques de comedia al estilo de Kaurismaki.
La enorme eficacia de “Civil War” opera en dos direcciones: en primer lugar, la película se aprovecha del ambiente prebélico en el que estamos inmersos. Además, destaca por su excepcional habilidad en la planificación de las secuencias de tensión.
Curiosa película. Empieza lenta y confusa. En cuanto los acontecimientos se precipitan, la película sube varios enteros y asume su condición de thriller romántico de espionaje con una energía insólita.
La tensión dramática proviene de un proceso de redención que Schrader maneja con una austeridad bressoniana, donde la emoción se construye a través de la ausencia.
Densa y notable, una colección de hermosos paisajes transformados y entrevistas ficticias que funciona como un complejo juego de espejos, un precioso y sentido homenaje a la clase trabajadora.
Sorprende la pesadez académica con la que [el director] se enfrenta a este periodo decisivo de la Historia europea. (...) una producción más preocupada por reunir a grandes nombres del cine francés que por llegar a encontrar un nuevo ángulo de visión.
“Anselm” es posiblemente el documental biográfico más significativo de la obra de Wenders, considerando su impacto político en una Europa que nuevamente enfrenta la intolerancia.
Una precuela que no ruge. Da la impresión de que el filme coloca sus piezas en posición estratégica para dar continuidad a la saga, pero es evidente que la fórmula está agotada.
Es una película profundamente melancólica, donde todo se siente tan obvio y abrumador que el proceso de duelo se transforma en una melancolía artificial y agotadora.
Da la impresión de que Burger busca abordar varios temas, pero no se atreve a profundizar en ninguno, incluso cuando se trata de resolver el conflicto central que sostiene la trama de la película.
Retoma un tema que “Match Point” exploró de manera más oscura. La película avanza de forma fluida y resulta tan placentera como asistir a una fiesta donde sabes que verás a personas conocidas.