La falta de originalidad y la apatía presente en este decepcionante regreso explican el largo periodo de 13 años que Peter Bogdanovich llevó sin ofrecer una película en cines.
El inconveniente radica en su idealismo ingenuo y la forma en que se presenta, similar a un mecano deteriorado. La historia trata de ajustarse a fórmulas que manipulan emocionalmente, como si siguiera viejas normas de guion.
Faus otorga agencia al personaje de Ana, pero enfrenta trampas narrativas que desdibujan la ira de clase de su protagonista al intentar construir un andamio de suspense en el que sostener la historia.
Sabe construir una atmósfera perturbadora, donde la imagen de la bondad debe aceptar el fracaso de la humanidad en un viaje por desiertos nihilistas y bosques petrificados.
Se presenta como una fábula distópica única, fusionándose con elementos del spaghetti western y reinterpretando el estilo de John Carpenter. La combinación resulta tan emocionante como los giros que toma la historia.
La actuación del trío principal es impresionante. Sin embargo, la película intenta mostrar la posibilidad de una conexión entre la tradición y la libertad personal, pero no logra evitar la carga de sus ideas.
Scorsese, acompañado por sus compañeros frailes Garfield y Driver, inicia un profundo viaje metafísico. Es una travesía concreta, intensamente conectada a la existencia, que no brinda concesiones al público, o casi.
Una premisa brillante, matizada por un humor sutil, nada resulta en exceso hostil. Nanni Moretti ha preferido la fumata blanca a la negra como el carbón.
Un thriller de espionaje poco refinado que se demora en comenzar. Cuando finalmente intenta intensificar la tensión dramática, recurre a soluciones artificiales que destacan lo predecible de su mensaje político.
La película parece dudar al abordar su cargado dramatismo, transmitiendo la sensación de que su atmósfera podría resultar más efectiva en teoría que en las imágenes algo superficiales que presenta Mielants.
Un profundo documental que explora el alma humana en su búsqueda de la calma y la espiritualidad. Es una propuesta que invita a la reflexión, sin importar las creencias personales.
Los dos primeros tercios intentan explorar el deseo femenino. La atmósfera es efectiva y el director muestra su capacidad. Sin embargo, cuando la historia se convierte en una versión débil de 'Atracción fatal', la ilusión desaparece y la película pierde fuerza.
Lo más destacado de “Pleasure” es que, si su protagonista nos resulta un enigma, probablemente sea porque su forma de experimentar el placer nos resulta ajena.
La dirección de Martin Campbell resulta poco pulida y tensa, y los actores que acompañan a Neeson parecen desinteresados, presentándose ante una cámara que refleja el mismo aburrimiento.
Un experimento que fusiona lo real con lo artificial, desafiando una vez más las fronteras entre el documental y la ficción. El resultado es una obra cinematográfica refrescante y al mismo tiempo, un gesto de gran magnitud.
La historia tarda en encontrar su equilibrio. Los petroglifos simbolizan una inscripción misteriosa que muestra, sin revelar, la razón por la cual dos seres tan opuestos parecen destinados a unirse y, al mismo tiempo, a separarse.
Es fascinante la sencillez con que Panahi deja que su denuncia se despliegue con placidez, haciendo que cada personaje secundario trascienda el color local para aportar información capital a una tesis que nunca se hace obvia.
La película se extiende innecesariamente antes de alcanzar su desenlace, lo que sugiere que Bercot y Deneuve no estaban seguros de cuándo concluir la historia.