Sonia Braga brilla en su papel, creando una conexión perfecta con el mundo que la rodea. Su presencia es cautivadora, y cada gesto, cada palabra y su interacción con el entorno son verdaderamente encantadores.
Llena de diálogos absurdos y personajes molestos, esta obra se rescata gracias a la actuación comprometida de Penélope Cruz, quien aporta autenticidad a una trama de telenovela con pretensiones de modernidad.
Un melodrama que intenta ser criminal, pero que termina siendo torpe, absurdo y repetitivo. Es una pena que el resultado no esté a la altura de las expectativas.
Los recientes cambios socioculturales han influido notablemente en la obra de Bergman, haciendo que los diálogos sean más suaves y menos crueles en comparación con la versión original.
Durante los créditos, Refn se presenta como NWR, reflejando un narcisismo cósmico. Se intenta vender algo similar a una deconstrucción formalista del cine de terror adolescente, cuando en realidad se trata simplemente de un 'trash' de alta costura.
Ribera se esfuerza por alcanzar la trascendencia incluso en los momentos de transición. Sin embargo, cuando opta por la ironía al mostrar los entresijos de los desfiles de moda, parece ignorar que su película es, en realidad, un mero escaparate.
Película que se toma su tiempo para comenzar, recordándonos que un ‘blockbuster’ caótico, lleno de ruido y sin sentido, es una experiencia que merece ser disfrutada en la sala de cine en lugar de en plataformas de streaming.
Spielberg, con sus impactantes invocaciones sombrías, les enseña a los que piensan que el cine para niños debe ser pura acción. Esta obra es un delicado trabajo que fusiona lo clásico con lo moderno.
Parker Finn juega con la delgada línea entre la realidad y las pesadillas, logrando que ciertas escenas de 'Smile 2' sean realmente impactantes y memorables. La fuerza visual de estas secuencias es simplemente sobresaliente.
La protagonista logra convertir sonidos cotidianos en melodías, lo que puede resultar simpático. Sin embargo, la trama reduce la efectividad del mensaje que intentaba transmitir.
Obvia y autoindulgente, la película no presenta ninguna voz que sobresalga. Los argumentos son repetidos al extremo, lo que lleva a que la historia se ahogue en su propia ingenuidad.
Un ritual de encuentros fallidos y tristes que conforman un enriquecedor retrato de personaje. No debe molestarnos la frialdad congénita de su puesta en escena, su implacable objetividad.
El filme no logra conectar ni en su aspecto cómico ni en el cruel. Su tono resulta blandengue y los personajes se asemejan demasiado a estereotipos, careciendo de la profundidad necesaria para captar la atención del público.
El director suizo tiene la habilidad de construir un universo a partir de la tensión entre opuestos. Sin embargo, en ocasiones, la película, llena de vitalidad y energía, puede verse afectada por la claridad de su mensaje moral.