No sabemos cuál elemento de 'La llave de Sarah' es más atroz. Es evidente lo arriesgado que es abordar el tema del Holocausto, y Paquet-Brenner no evita ninguno de los fallos que podrían hacerlo merecedor de nuestra desaprobación.
Poderoso noir que destaca por sus ideas sorprendentes. Su originalidad produce una fascinación particular, en gran parte debido a su inusual representación de China en medio de su transición hacia el capitalismo.
Affleck se pone al servicio de la historia, filma con nervio tres secuencias de robo, invierte su tiempo en mimar las relaciones entre los protagonistas y es menos cuidadoso con los secundarios.
La primera parte es excepcional, pero en su segunda mitad pierde fuerza. Audiard opta por recursos de melodrama poco sofisticados y, en ciertos momentos, recuerda a un Iñárritu en sus días menos inspirados.
No todos los chistes logran impactar y en ocasiones su crudeza no se alinea con el ingenio de Atkinson. La falta de ritmo en el clímax final y la rigidez de algunos personajes secundarios evidencian que Mr. Bean no logra resonar de la misma manera fuera de la televisión.
Son relatos simples que no requieren de grandes tramas, ya que se sumergen en una tradición que combina una mezcla peculiar de esperpento y costumbrismo característico del cine español, donde destacan las actuaciones auténticas.
Siempre hay un deleite particular en disfrutar de una obra de Wes Anderson, aunque en ocasiones, como sucede aquí, su deseo de ser él mismo puede resultar más agotador que satisfactorio. Esta película es tanto enigmática como entrañable.
Un soplo de aire fresco entre tanta corrección política. ¿Acaso no hay que aplaudir a una película que no tiene sentido del ridículo, que se lanza sin paracaídas a abofetear al público? «mother!» resulta de lo más sorprendente.
Extraordinaria. Un melodrama que incorpora elementos de terror, donde Haynes combina la esencia de "Persona" con la estética del telefilme más inquietante que se haya visto en pantalla.
Llena de diálogos absurdos y personajes molestos, esta obra se rescata gracias a la actuación comprometida de Penélope Cruz, quien aporta autenticidad a una trama de telenovela con pretensiones de modernidad.
El interés teórico del filme parece ser abrumador para Stewart, ya que Assayas elige no enmascarar sus tics, los cuales terminan dominando el desarrollo de la historia.
Spielberg, con sus impactantes invocaciones sombrías, les enseña a los que piensan que el cine para niños debe ser pura acción. Esta obra es un delicado trabajo que fusiona lo clásico con lo moderno.
Un ritual de encuentros fallidos y tristes que conforman un enriquecedor retrato de personaje. No debe molestarnos la frialdad congénita de su puesta en escena, su implacable objetividad.
El filme no logra conectar ni en su aspecto cómico ni en el cruel. Su tono resulta blandengue y los personajes se asemejan demasiado a estereotipos, careciendo de la profundidad necesaria para captar la atención del público.
Las tramas se quedan en simples anécdotas y los personajes son solo sombras de lo que podrían ser, meros intentos fallidos que parecen sacados de postales navideñas.
Melodrama autorreflexivo que se muestra distante en su forma de abordar el tema. Sin embargo, es denso y apasionante en su exploración de un asunto que parece no tener un cierre definitivo.