Brizé exagera en la representación del sufrimiento de su personaje, pero logra retratar con realismo las duras circunstancias que enfrentan muchas personas desempleadas diariamente en nuestro país.
“Spring” logra retratar de manera efectiva una parte del impresionante mural que Bing ha estado creando durante veinte años, el cual ilustra los transformaciones de la China moderna.
Una fábula implacable, que trabaja magistralmente los tiempos muertos para crear tensión y que, con elegancia, estrangula la empatía que el espectador pueda sentir con el amor incondicional que lleva dentro una madre equivocada.
Se reconoce la habilidad de Ozon para no caer en la trampa de abordar un Gran Tema que demande una postura clara. Sin embargo, este crítico siente nostalgia por el cine del director, recordando obras como “Los amantes criminales”.
A través de imágenes simples, el filme revela que el cine es un reflejo constante de nuestra identidad, una especie de "cerebro del mundo" donde se puede recuperar tanto la memoria histórica como la personal.
La falta de entusiasmo de Nakata traslada una dirección monótona que impide que los cambios de tono y registro del filme tengan el efecto deseado, haciendo que el ritmo sea tosco y torpe.
La película resulta ser desmesurada y carece de equilibrio. Ofrece conceptos bellos y radicales, pero también hay instantes en los que «Annette» parece asumir una gravedad excesiva.
Obra maestra indiscutible un hermoso drama coral de tres horas que pasan en un respiro. No hay grandes catarsis, aunque la película va creciendo a combustión lenta y, sin saberlo, te atrapa en sus misterios.
Para comprender un duelo y que realmente resuene, es fundamental establecer una conexión afectiva. “Mi vida con Amanda” logra este desarrollo de forma muy orgánica.
La premisa resulta intrigante y desconcertante. Los excesos, aunque entretenidos, parecen más un indicativo del desgaste de una idea que de una verdadera confianza en la transgresión propia del género de terror.
Retrata la Turquía del régimen de Erdogan como un auténtico infierno polanskiano. Puede perder a buena parte de su público potencial al maltratarlo con humillaciones, pesadillas y golpes de efecto sonoros.
Magnífica. La coralidad de “Alcarràs” requiere, a pesar de la aparente sencillez de la historia, un dominio absoluto de la escritura, la cámara y el montaje para que cada personaje posea una mirada y una voz propias.
Tal vez el problema del cine de Loach radica en su exceso de fe en la relación causa-efecto. Para respaldar su visión, Loach manipula los resultados. Se puede decir que es un capitalista de las emociones del proletariado.