Lo más destacado de “Pleasure” es que, si su protagonista nos resulta un enigma, probablemente sea porque su forma de experimentar el placer nos resulta ajena.
Ofrece una nueva perspectiva sobre un evento histórico conocido, gracias a una dirección creativa y entretenida, así como actuaciones que reflejan las complejidades morales de los personajes sin recurrir a estereotipos.
El costumbrismo esperpéntico brilla gracias al carisma de los actores, el ingenio de ciertas escenas y un desenfreno que acompaña perfectamente la evolución del personaje principal.
Un experimento que fusiona lo real con lo artificial, desafiando una vez más las fronteras entre el documental y la ficción. El resultado es una obra cinematográfica refrescante y al mismo tiempo, un gesto de gran magnitud.
La historia tarda en encontrar su equilibrio. Los petroglifos simbolizan una inscripción misteriosa que muestra, sin revelar, la razón por la cual dos seres tan opuestos parecen destinados a unirse y, al mismo tiempo, a separarse.
Es fascinante la sencillez con que Panahi deja que su denuncia se despliegue con placidez, haciendo que cada personaje secundario trascienda el color local para aportar información capital a una tesis que nunca se hace obvia.
Slade sigue el guión y añade un toque al núcleo de esta novela romántica con tintes mormones, pero la inclusión de vampiros inexpertos termina siendo una mera ilusión que no aporta profundidad a la historia.
Brillante fin de fiesta, se posiciona entre los mejores títulos del ciclo Craig por su habilidad para abordar los aspectos que faltaban, presentando a Bond como un ser humano consciente de su mortalidad.
Comedia que carece de una evolución coherente en la trama, sin considerar el sentido común de sus personajes, y que se deja llevar por un flujo emocional superficial.
El despilfarro digital de esta catástrofe no logra camuflar lo inenarrable de sus interpretaciones, lo absurdo de su trama, lo patético de sus diálogos.
Fotografía social de la ignominia. Destaca la esperanza de que no haya continuación, aunque es complicado elegir entre sus desafortunados chistes sobre estereotipos raciales y su discurso forzado sobre la tolerancia.
Tan Cortés como valiente. 'Enterrado' nos pondrá el nudo en la garganta con un destacado ejercicio de estilo que abarca una amplia gama de géneros, manteniendo su frescura a lo largo de toda la narración.
La película presenta una tensión fascinante y electrizante. Sin embargo, la referencia a 'Cloverfield' en el título puede resultar confusa. El aire conspiranoico que la alimenta añade un atractivo, aunque su efecto es breve.
Una premisa brillante, matizada por un humor sutil, nada resulta en exceso hostil. Nanni Moretti ha preferido la fumata blanca a la negra como el carbón.
Un profundo documental que explora el alma humana en su búsqueda de la calma y la espiritualidad. Es una propuesta que invita a la reflexión, sin importar las creencias personales.
Lo que inicialmente puede parecer un ingenioso ejercicio de estilo se convierte en la reivindicación de un género. El extenso clímax que enfrenta a los personajes buenos y malos es, sin duda, una magistral lección de cine.
La dirección de Martin Campbell resulta poco pulida y tensa, y los actores que acompañan a Neeson parecen desinteresados, presentándose ante una cámara que refleja el mismo aburrimiento.
Funciona como una precisa, modesta obra de cámara sobre la necesidad de ser honestos por encima de lo que perdamos por el camino. Y con un efecto especial de carne y hueso llamado Tom Hardy.