Ozon regresa con fuerza en lo que podríamos considerar un metadrama de iniciación queer. Combina de manera astuta el despertar sexual, la pulsión de muerte y la metaficción.
Su historia la hemos visto un montón de veces, pero lo que la hace nueva y emocionante es la frescura de sus diálogos y, sobre todo, su empecinamiento en no juzgar a ninguno de sus personajes.
No se salta ninguna de las normas no escritas del ‘coming of age’, adoptando la perspectiva de Gus como motor narrativo de la película. Lehericey tiende a retratarlo mientras observa algo en secreto.
Notable ópera prima que se impregna de la melancolía de la protagonista. Es un filme humilde, breve y concentrado que demuestra que crecer significa dejar atrás.
¿Era necesario volver a relanzar las telarañas? A tenor del resultado, por supuesto que sí. Ningún «reboot» superheroico que nos asalte la memoria ha llegado tan lejos en reinventar el imaginario de un personaje tan icónico.
Es difícil sentir empatía por el padre y el hijo en 'Bright Nights', ya que Arslan no se preocupa por que formemos un vínculo con ellos. Un extenso plano de carretera nos sugiere una epifanía que finalmente no se materializa.
Película menor y discutible, acaba siendo una mezcla de video institucional y un episodio ficcionalizado de ‘Hermano mayor’. Los diagnósticos presentados son, en muchos casos, simplistas y reduccionistas.
Linklater corrobora que es uno de los grandes cineastas en activo. «Boyhood» es a la vez una película humilde y una hazaña épica. Ofrecernos la suma de instantes que se llama vida es lo que la hace tan conmovedora.
Para amantes del terror inteligente. En algunos momentos resulta verdaderamente aterradora. ¿Ha surgido un nuevo John Carpenter? ¿O tal vez Jacques Tourneur ha regresado de la tumba?
Un fascinante retrato femenino, que la modelo Marine Vacth, que encarna a Isabelle con una electrizante mezcla de hostilidad y secretismo, dibuja a base de miradas furtivas y preguntas inoportunas
La sombra de 'Adventureland' es alargada, aunque Faxon y Rash se quedan cortos en amargura y melancolía, prefieren ser convencionales, y la película, aunque sensible, no consigue despegarse del todo de los clichés que maneja.
Es un experimento que corre el riesgo de ser confundido con su materia prima, un filme más radical de lo que parece, que pierde pie al intentar contextualizar a sus personajes y ridiculizarlos, permitiéndose el lujo de juzgarlos.
El respeto algo perezoso que siente Chbosky por las convenciones del género no está reñido con una sinceridad a prueba de bombas que estalla en burbujas de verdad en la interpretación de Ezra Miller. Una pena el final.
Lo más negativo de esta película es que carece de acción significativa. Sin embargo, logra crear un ambiente de cercanía muy efectivo; la conexión fraternal resulta genuina y la simplicidad de la historia es una verdadera declaración de intenciones.
Un ambicioso fresco de época, con un ritmo que refleja la intensidad de la juventud. Sin embargo, al concluir, deja un profundo sentimiento de melancolía.