La película resulta tan nefasta como la original. Si eliminamos un videochat inapropiado y una escena de sexo en un baño, nos quedamos con una antigua película de Disney.
Puede rozar la cursilería. La película nunca logra desprenderse de su carácter de telefilme sobre enfermedades terminales o, en el mejor de los casos, de un episodio de 'Dawson crece'.
Se nota que ha pasado por un dramático proceso de montaje, aunque es la impresión de que está inacabada, enferma de arritmias, lo que le concede su singular fuerza.
Si el objetivo era politizar la responsabilidad de convertirse en adulto, la película no logra su cometido, ya que no logra integrar lo macro con lo micro. Si se intentaba poetizar la sensación de que todo pende de un hilo, también vuelve a fracasar, ya que carece de comprensión del lirismo.
El planteamiento de esta ópera prima es muy estimulante, presentando una auténtica 'rara avis' del cine adolescente. Sin embargo, su modestia limita su alcance.
'Twelve' se erige en un ambicioso monumento al vacío, sin lograr sostenerse ante la combinación de psicología superficial, sociología de salón y una denuncia poco convincente.
Una de las grandes virtudes de “Sobre todo de noche” es evitar los clichés del cine de denuncia social, manteniendo al mismo tiempo la visceralidad que caracteriza su temática.
La película, una especie de ‘road movie’, presenta múltiples subtramas relacionadas con la venta de un bebé. Sin embargo, estas complejidades parecen desbordar la narrativa, haciendo que la historia pierda fuerza a medida que avanza.
Larraín aborda la maternidad atípica y el reggaetón como una herramienta para la liberación de la sexualidad femenina de manera creativa y provocadora. La energía impactante de «Ema» es elemental, visceral y desenfrenada, lo que garantiza que no se pase por alto.
En la vulnerable fortaleza de esta superheroína corriente Halla reside el encanto de un film colorista, elegante y muy, muy entretenido, destacando una excelente actuación de Halldóra Geirharðsdóttir.
Es mérito de la sensibilidad de Simón y su excepcional labor con los actores que un filme sobre la toma de conciencia de la muerte logre ser tan vital y luminoso.
Una película que busca la complicidad a toda costa. Un filme esencialmente pasado de moda, una versión geriátrica de «Rain Man» o un «remake» retrógrado de «Harold y Maude».
Una película desenfocada e incierta que no sabe claramente qué quiere ser: un thriller sobrenatural, un drama familiar, un cuento de terror gótico o simplemente un proyecto influenciado por la actual moda del nuevo fantástico español.
La capacidad de síntesis, la falta de sentimentalismo y la catadura moral de su visión del mundo hacen de esta película uno de sus mejores logros, y uno de los más luminosos.
Sandra Bullock no aporta nada nuevo a su personaje: su actuación se basa en los clichés típicos del drama de autosuperación, presentando una heroína que recuerda a los modelos de un telefilme cargado de condescendencia.
Centrarse en los personajes permite que la película evite, en cierto modo, las tendencias más oscuras de este descenso a los infiernos y logre explorar el sentimiento de comunidad que se desarrolla entre los inmigrantes.
Sorprende la eficacia y la concreción con que Kormákur saca provecho de una situación única, la acción, que es puro músculo, sostiene por sí sola a esta modesta y disfrutable serie B.