La película de Schrader no logra comunicar plenamente su melancolía, que resulta algo antipática. Carece de atonalidad y de la intensidad dramática necesaria.
Thriller lacónico y perturbador, una especie de Chabrol queer que destaca por su fascinante dirección. Guiraudie logra transmitir con una notable austeridad una intensa historia de amor triangular.
La actuación de los cuatro actores es indiscutible, pero parece que la búsqueda del perdón se siente artificial, lo que resta valor a los momentos auténticos de emotividad.
El experimento de León desafía la separación entre documental y ficción, creando una experiencia donde lo real y lo imaginario coexisten en la pantalla.
«Le passé» puede dar la impresión de ser más meticulosa que «Nadir y Simin» y de tener más imperfecciones y excesos. Sin embargo, sigue siendo una obra maestra.
El extenso prólogo es un verdadero espectáculo que provoca asombro. Sin embargo, a medida que avanza la trama, el trauma se amplía y su energía inicial se desvanece.
Rosales logra que su tragedia impacte y resuene en el público. Un casting excepcional, encabezado por Bárbara Lennie, destaca. No obstante, el gran hallazgo es Joan Botey.
Huppert demuestra ser la mejor actriz en activo, logrando que la inteligencia detrás de la construcción de la película, su fluidez y transparencia se manifiesten de forma natural.
Uno de los defectos de la película es que su punto de vista es poco claro. Además, la trama parece estar mal construida, y el trastorno mental es solo una justificación, sin un verdadero interés por parte de Zeller de explorarlo.
Es lamentable que no tenga creatividad visual y que su protagonista no sea retratada como una mujer auténtica, sino que se quede atrapada en un estereotipo.
Es una comedia ingeniosa que juega con los estereotipos de una sociedad del norte de España, marcada por un fuerte matriarcado y un sentido del humor peculiar.
Trier no logra aprovechar adecuadamente el tema del duelo. De alguna manera, esta película se opone a la maravillosa «Oslo, 31 de agosto», pues le falta totalmente la intensidad concentrada que caracterizaba a aquella.
Una película que intenta ser única de todas las formas posibles. El resultado es intrigante, aunque ciertos aspectos de la trama, que recurren a lo fantástico como justificación para cualquier cosa, pueden llegar a confundir.
Ceylan edifica una barrera de desilusión y nostalgia, que requiere esfuerzo para vislumbrar algo similar al ocaso. La película no elude ningún tema importante.
La comunicación deficiente entre los padres y sus hijos, así como el proceso de duelo tras una separación, son temas abordados en "Ex-maridos", aunque el resultado final no logra dejar una impresión duradera.
Para este crítico, la película resulta más efectiva en sus momentos más inverosímiles, ya que el rendimiento de los actores es fundamental para su éxito.