“Spring” logra retratar de manera efectiva una parte del impresionante mural que Bing ha estado creando durante veinte años, el cual ilustra los transformaciones de la China moderna.
La película no logra transmitir la intensidad necesaria para un melodrama y carece de elementos sorprendentes que la conviertan en un cuento macabro. Además, al revelar secretos, resulta excesivamente explicativa.
A veces parece que Dutta tiene buenas ideas, pero la manera abrupta en que concluye algunas escenas o la excesiva prolongación de otras afecta la efectividad de la narrativa. Además, el aspecto de terror es prácticamente inexistente.
La película resulta ser desmesurada y carece de equilibrio. Ofrece conceptos bellos y radicales, pero también hay instantes en los que «Annette» parece asumir una gravedad excesiva.
Puro Boris Vian. Es una adaptación fiel del libro. Existen varias subtramas, algunas bien logradas y otras no tanto. Sin embargo, cuando la historia toma un giro más oscuro, Gondry maneja el cambio de tono con una sorprendente madurez.
Obra maestra indiscutible un hermoso drama coral de tres horas que pasan en un respiro. No hay grandes catarsis, aunque la película va creciendo a combustión lenta y, sin saberlo, te atrapa en sus misterios.
Se podría acusar a Resnais de dejar a medias su propuesta inicial, ya que la filmación contemporánea de la obra, dirigida por Denis Podalydès, pronto se ve opacada. Sin embargo, el resultado final es a la vez vívido y cautivador.
Un paso más allá de la notable “Magical Girl”, “Mantícora” se atreve a explorar lo desconocido y a confrontar lo indescriptible, ese misterio profundo que llamamos cine.
La premisa resulta intrigante y desconcertante. Los excesos, aunque entretenidos, parecen más un indicativo del desgaste de una idea que de una verdadera confianza en la transgresión propia del género de terror.
Retrata la Turquía del régimen de Erdogan como un auténtico infierno polanskiano. Puede perder a buena parte de su público potencial al maltratarlo con humillaciones, pesadillas y golpes de efecto sonoros.
Magnífica. La coralidad de “Alcarràs” requiere, a pesar de la aparente sencillez de la historia, un dominio absoluto de la escritura, la cámara y el montaje para que cada personaje posea una mirada y una voz propias.
A pesar de la calidad narrativa de la película, parece que Carrère no logra manejar adecuadamente el síndrome de la impostura, un tema que trató con gran éxito en obras como “El adversario”.
Para Preciado, la película actúa como un mapa de una utopía tangible, donde lo 'queer' inunda nuestras capacidades imaginativas y se transforma en una poderosa fuerza metamórfica.
Brinda una perspectiva educativa y compasiva sobre los desafíos y las conexiones necesarias para forjar una identidad que lucha por afirmarse en cualquier circunstancia.