Schlöndorff presenta un melodrama que resulta frío y anticuado, donde la supuesta evocación de un amor perdido se convierte en una acumulación abrumadora de clichés.
Rasoulof demuestra mayor eficacia y honestidad al abordar la radicalidad ética de sus dilemas morales a través de un realismo crudo. Sin embargo, pierde impacto cuando el drama se convierte en alegoría.
La película establece una dinámica de complicidad entre los actores. Aunque podría parecer un 'spin off' de "Ocean’s Eleven", carece del toque de estilo que Steven Soderbergh suele brindar.
Tim Roth ofrece una actuación sobresaliente. Sin embargo, es lamentable que Michel Franco finalice su película de manera tan decepcionante, dejando un cierre que recuerda a los errores de un principiante en el mundo del cine.
Serebrennikov se enfoca en los detalles menos profundos de la escena para dar vida a su retrato. Sin embargo, el resultado es una simple fachada que carece de una perspectiva auténtica sobre el personaje.
Película que, por supuesto, deslumbra en su propuesta formal, y que, ahora sí, podría ser una excelente rúbrica final a la saga, aunque todo apunte a que aún le queda camino por recorrer hasta llegar al infinito y más allá.
Fallida comedia que no logra definir su tono en medio de una agenda temática saturada. Se siente como si estuviese en un limbo, cuestionándose constantemente si hay alguien al mando que pueda ofrecer respuestas.
Transformar los bajos fondos de Portugal en símbolo de una nación llena de ansiedad es una propuesta intrigante. Sin embargo, la película carece de la fuerza y la profundidad dramática necesarias para impactar realmente.
Es lamentable que no tenga creatividad visual y que su protagonista no sea retratada como una mujer auténtica, sino que se quede atrapada en un estereotipo.
La comunicación deficiente entre los padres y sus hijos, así como el proceso de duelo tras una separación, son temas abordados en "Ex-maridos", aunque el resultado final no logra dejar una impresión duradera.
Estupenda ópera prima que favorece un cine austero y sensorial, donde los gestos y el silencio son los protagonistas. Es admirable que la película se aleje de lo nostálgico.
Es hermoso que la película esté construida apoyándose en la fuerza solidaria de los gestos cotidianos, como si, en definitiva, el sentido de la vida estuviera ahí mientras el cielo cae sobre nuestros afectos.