Sergio Chamy brilla en la película con su encanto tierno y elegante. Sin embargo, el retrato de las residencias de ancianos resulta excesivamente indulgente.
Una fábula implacable, que trabaja magistralmente los tiempos muertos para crear tensión y que, con elegancia, estrangula la empatía que el espectador pueda sentir con el amor incondicional que lleva dentro una madre equivocada.
El material es altamente inflamable y Hayakawa se sitúa a menudo en el límite de lo emocional. Sin embargo, es apreciable la delicadeza y la sobriedad que presenta el filme.
A través de imágenes simples, el filme revela que el cine es un reflejo constante de nuestra identidad, una especie de "cerebro del mundo" donde se puede recuperar tanto la memoria histórica como la personal.
Ni siquiera el tributo a Boetticher que plantea la película logra disimular su escasa calidad visual y la debilidad de su guion, que parece estar desarticulado en un intento de capturar un sentimiento melancólico.
Una película más insólita de lo que parece a un primer vistazo. Por desgracia, el guión comete un error al introducir un personaje que actúa como un molesto 'deus ex machina', amenazando con desestabilizar la civilizada humildad que caracteriza al resto de la película.
Una opción recomendable para quienes disfrutan de la novela romántica en un contexto post-apocalíptico. Destaca por su impresionante diseño de producción, aunque los diálogos suelen ser muy superficiales y poco elaborados.
Los actores brillan en sus interpretaciones y la dirección es elegante, aunque hay un desbalance en la narrativa. La película promueve la reconciliación, pero los mensajes se sienten excesivamente intensos.
El estilo poético de Guzmán, junto con sus hipnóticas imágenes, refleja la esencia de Malick. A pesar de que no todo resulta efectivo, se valora su perspectiva única del mundo.
Lou Ye presenta una narrativa que se siente incompleta. El deseo que consume a varios personajes, el cual impulsa las complejas relaciones en la película, resulta ser más confuso de lo que se esperaba.
El diseño presenta una mezcla impresionante de elementos visuales inspirados en "2001" y "Alien", creando una experiencia fascinante. Sin embargo, la película se siente lenta y, en ocasiones, aburrida. También le falta aceptar plenamente su temática existencialista, ya que su mensaje resulta un tanto complaciente.
Es cautivador cómo Vigalondo presenta los dos mundos de su atormentado protagonista utilizando texturas visuales tan contrastantes. Sin embargo, en ocasiones, "Vertigo" parece limitarse a su propia repetición sin alcanzar nuevas dimensiones.
La intención de Cousins es admirable, sin embargo, los resultados no siempre logran cumplir con las expectativas. Además, el uso de la narración en primera persona, con una voz que imita a Hitchcock, puede ser cuestionable.
Brinda una perspectiva educativa y compasiva sobre los desafíos y las conexiones necesarias para forjar una identidad que lucha por afirmarse en cualquier circunstancia.
Una emocionante obra testamentaria. Erice aprovecha para ajustar cuentas con esas películas inacabadas o imaginadas que jalonan su breve pero deslumbrante trayectoria como cineasta.
La película tiene el potencial de destacar, pero se pierde al no definir claramente su identidad. Su principal inconveniente radica en su incapacidad de equilibrar elementos de un drama familiar y una historia de terror.