No se pone en duda la buena intención al mostrar una celebración de personas adineradas, sin embargo, la forma en que John Michael McDonagh critica su superficialidad se siente algo exagerada, lo que resulta en una experiencia cinematográfica un tanto pesada.
La vida interna de los personajes es insultante y monocromática, mientras que el resto se reduce a disputas entre el Norte y el Sur de Europa, simbolizando lo masculino frente a lo femenino. Si resulta tedioso leer esto, imaginen lo difícil que es verlo en la pantalla.
Extravagante, es una película que se siente un poco fuera de tiempo, fluyendo en sentido contrario al cinismo predominante en la ficción actual que aborda nuestro entorno.
Transformar los bajos fondos de Portugal en símbolo de una nación llena de ansiedad es una propuesta intrigante. Sin embargo, la película carece de la fuerza y la profundidad dramática necesarias para impactar realmente.
Thriller lacónico y perturbador, una especie de Chabrol queer que destaca por su fascinante dirección. Guiraudie logra transmitir con una notable austeridad una intensa historia de amor triangular.
Rosales logra que su tragedia impacte y resuene en el público. Un casting excepcional, encabezado por Bárbara Lennie, destaca. No obstante, el gran hallazgo es Joan Botey.
Huppert demuestra ser la mejor actriz en activo, logrando que la inteligencia detrás de la construcción de la película, su fluidez y transparencia se manifiesten de forma natural.
Los directores tienden a exagerar los arquetipos de los adultos, pero la perspectiva de Onata Aprile aporta un equilibrio que enriquece esta película, que aunque sea modesta y discreta, logra tener su propia esencia.
Uno de los defectos de la película es que su punto de vista es poco claro. Además, la trama parece estar mal construida, y el trastorno mental es solo una justificación, sin un verdadero interés por parte de Zeller de explorarlo.
Es lamentable que no tenga creatividad visual y que su protagonista no sea retratada como una mujer auténtica, sino que se quede atrapada en un estereotipo.
Es una comedia ingeniosa que juega con los estereotipos de una sociedad del norte de España, marcada por un fuerte matriarcado y un sentido del humor peculiar.
Trier no logra aprovechar adecuadamente el tema del duelo. De alguna manera, esta película se opone a la maravillosa «Oslo, 31 de agosto», pues le falta totalmente la intensidad concentrada que caracterizaba a aquella.
Ceylan edifica una barrera de desilusión y nostalgia, que requiere esfuerzo para vislumbrar algo similar al ocaso. La película no elude ningún tema importante.
Es una película que atrapa la atención de inmediato. La forma en que se desarrollan los eventos la transforma en una experiencia extremadamente divertida.