Película delicadísima. El tono es liviano, a pesar de la gravedad. La belleza modesta y discreta de “Sidonie en Japón” se encuentra en un bolso, que simboliza un amor que florece bajo la luz de la empatía.
El extenso prólogo es un verdadero espectáculo que provoca asombro. Sin embargo, a medida que avanza la trama, el trauma se amplía y su energía inicial se desvanece.
Rosales logra que su tragedia impacte y resuene en el público. Un casting excepcional, encabezado por Bárbara Lennie, destaca. No obstante, el gran hallazgo es Joan Botey.
Los directores tienden a exagerar los arquetipos de los adultos, pero la perspectiva de Onata Aprile aporta un equilibrio que enriquece esta película, que aunque sea modesta y discreta, logra tener su propia esencia.
Es una comedia ingeniosa que juega con los estereotipos de una sociedad del norte de España, marcada por un fuerte matriarcado y un sentido del humor peculiar.
Ceylan edifica una barrera de desilusión y nostalgia, que requiere esfuerzo para vislumbrar algo similar al ocaso. La película no elude ningún tema importante.
Una extraordinaria actuación de Marianne-Jean Baptiste en una película verdaderamente audaz, que se mantiene firme en su autenticidad y carece de concesiones o falsas ilusiones.
Sonny van Utteren brilla en el papel de Sam, generando una gran empatía en el público. Sin embargo, la trama resulta predecible y el personaje de Tess no logra convencer del todo.
Está estructurada siguiendo los estándares del cine mundial exportable, lo que hace que su mensaje sea fácilmente comprensible. A Davva le interesa más el contenido que la forma en que se presenta.
En "Body", el discurso es sólido. La película sorprende al espectador con un humor negro difícil de clasificar. Aunque el público podría sentirse engañado, el mensaje se presenta de manera clara y accesible.
Serraille parece indecisa sobre el enfoque de su película, a pesar de que logra captar la intensidad dramática de sus personajes, aunque esta resulta algo más débil en el personaje principal.
Es hermoso que la película esté construida apoyándose en la fuerza solidaria de los gestos cotidianos, como si, en definitiva, el sentido de la vida estuviera ahí mientras el cielo cae sobre nuestros afectos.