Miyazaki vuelve a mostrar la armonía entre dos mundos que, a primera vista, parecen contrarios. Es una obra destinada a adultos que aún conservan su niño interior.
¿Un Tarantino menor en forma de novela gráfica? Por supuesto, pero con agudos comentarios sobre una sociedad embebida de los ideales del neocapitalismo liberal.
Magnífico filme, la película se entrega a explorar esa mirada animal desde una puesta en escena eminentemente sensorial y caótica. Todo es fragmento, color, ruido.
Lo más admirable es su trabajo sobre el punto de vista. Desde un riguroso tratamiento de la subjetividad, Arnold humaniza a esta vaca sin futuro, transformando su relato en una tragedia.
Hermosa película la grandeza de “Gunda” está en que no hay más mensaje que la historia de una madre que aprende a serlo, que es feliz siéndolo y que sufre si no lo es.
Película intencionadamente anticuada que se adhiere de manera rigurosa a los relatos de Hugh Lofting. Un cuento fantástico, desprovisto de maldad y con un enfoque muy puro.
Tiene sentido del humor y se beneficia de una excelente interpretación de Agnieszka Mandat. Sin embargo, la resolución del enigma, que busca abordar la decadencia de la civilización, no logra captar nuestro interés.
Es una película con aciertos: la premisa resulta ciertamente ingeniosa. Pero al final acaba siendo bastante más convencional de lo que le gustaría admitir.
Lo más auténtico de la película son los lobos, los buitres y las cabras. En cuanto aparece un ser humano, por muy simpático que parezca, la película pierde su esencia.
Animada delicia. La imprevisible expresividad de las figuras de plástico de este universo impone una velocidad narrativa que convierte su visionado en una experiencia tan densa como hipnótica.
A Rupert Everett le pierde la ciega fascinación que siente por el personaje, y, sobre todo, por la posibilidad de, prótesis mediante, convertirse en él, columpiándose en sus declamatorios excesos.
Es tan mala que parece una parodia involuntaria de “Memorias de África”. Es sorprendente que un cineasta como Herzog filme el amor como un principiante. Lamentable.
Salimos del film como recubiertos de talco y perfumes orientales, y si la película acierta a transmitir esa atmósfera de belleza, decadencia y enfermedad es porque insiste machaconamente en ello. Da la impresión que los afeites no acaban de camuflar la vacuidad del discurso de Bonello.
El gravísimo problema de 'Sunset' es que la experiencia, lejos de ser inmersiva, provoca una inmediata desconexión porque se nos obliga a pegarnos a un personaje que no tiene interés dramático.
A pesar de que la película no sigue caminos predecibles, el resultado es tan frío como un témpano. Carece de nervio e intensidad. Se presenta como una aventura introspectiva, pero no logra encender la chispa necesaria para cautivar.
Aunque a veces parezca que 'El lazo blanco' está a punto de ser víctima de la rígida coherencia de su planteamiento, Haneke conduce con mano firme al espectador a la inmersión en un mundo de rabia, represión, mentiras y ocultaciones.
Es un western atípico: mientras que el plano general se presenta claramente, Scorsese se enfoca en los detalles. Es natural que la puesta en escena esté impregnada de la intimidad y la importancia de la palabra.