James Mangold toma un enfoque aparentemente simple sobre Bob Dylan. Esta contención atenúa la esencia interna de Dylan, pero a su vez lo transforma en un símbolo poderoso para las personas que le acompañan.
A pesar de que utiliza el tono de una saga de fuerte empoderamiento femenino, la trama profundiza en el verdadero significado del poder dentro de una sociedad con marcadas jerarquías.
Acaba siendo un mejunje de ideas extraño y sorprendentemente divertido que casi hace una deconstrucción involuntaria de las películas bélicas de Hollywood.
La secuela de Ryoo, aunque sin duda entretenida, también se adentra en la introspección, desarrollando un intrigante misterio de asesino en serie que refleja de manera sorprendente al protagonista.
El proyecto se distancia de la frialdad, pero evita abordar de manera profunda la violencia que le corresponde. Quienes vean la película seguramente obtendrán alguna enseñanza, aunque es dudoso que se queden con ella de forma duradera.
Rossellini se destaca en 'Conclave', mostrando arrogancia a través de su mirada silenciosa y teniendo la capacidad de llenar el espacio con solo una reverencia.
Delpy nunca pierde de vista el panorama general, ofreciendo constantes pistas de que el mundo sigue siendo duro para los refugiados musulmanes incluso fuera de esta hilarante historia.
Rinde homenaje a la saga, pero también profundiza en el mito, desenterrando ideas volátiles que siempre han merodeado justo bajo la superficie de la serie. El resultado es ingenioso, introspectivo y, sobre todo, inquietante.
Es una especie de comedia romántica que no parece poder comprometerse con ninguna idea romántica o cómica. 'The Valet' es la comedia con menos brío de 2022.
Con interpretaciones melancólicas y un ojo para la belleza natural, el segundo largometraje de Kogonada se inspira en los maestros del pasado para crear un futuro brillante y conmovedor.
Las secuencias de combate y las multitudes desprenden la vitalidad típica de los musicales, convirtiendo la película en un homenaje surrealista al western, al cine de samuráis y al estilo posapocalíptico reminiscentes de Mad Max.
La secuela de Harley Quinn a menudo se centra excesivamente en el Joker. Aunque brilla al ofrecer nuevas perspectivas de su personaje, con demasiada frecuencia regresa a elementos ya explorados.
Cooper, aunque es hábil dirigiendo al elenco, muestra una notable incapacidad para desarrollar a sus personajes dentro de una narrativa coherente, lo que resulta en múltiples ideas no exploradas que impiden que la película alcance su potencial.