Con una actuación asombrosamente honesta del hijo del director, equilibra las excentricidades de una reunión navideña con la aceptación nihilista de una fatalidad segura, siendo una película tan sombría como áridamente divertida.
Es una de las películas de acción más destacadas, completas y conmovedoras que ha producido Hollywood en varios años, posiblemente desde 'Fury Road'. En resumen, Mad Miller ha logrado sorprendernos nuevamente.
Con escenas que se prolongan más de la cuenta y una perspectiva confusa del pasado contada a través de una narración aburrida y farragosa, el proyecto está prácticamente muerto nada más empezar.
La entrada de Ritchie en el género aporta estilo y espectacularidad a algo que no se percibía como un acontecimiento cinematográfico desde hacía más de una década.
Una película que derretirá hasta el corazón más frío. A pesar de que a veces resulta acelerada, sus momentos deslumbrantes y emocionantes la ponen a la altura de clásicos como 'WALL-E' y 'The Iron Giant'.
El filme trasciende la simple curiosidad, convirtiéndose en una obra que resuena profundamente sobre cómo las personas lidian con diversas experiencias, desde el sufrimiento hasta el nihilismo provocado por el cambio climático.
Quizás la impresión más fiel de un experimento de finales de la era Jean-Luc Godard que se haya intentado jamás. Pero nunca llega a latir con el corazón furioso y el espíritu provocador de la época crepuscular de Godard.