'Pi' es una película que desafía la percepción del espectador. Su complejidad la convierte en un reto de visualizar, ya que los pensamientos que la inspiran contrastan notablemente con su estilo caótico. Sin embargo, quizás esa sea precisamente la intención del director.
El público que esté sintonizado con la sensibilidad cómica de Jarmusch se deleitará, pero para los no iniciados, sus zonas más áridas seguramente les inducirá al bostezo.
Aunque está crudamente interpretada, con secuencias de acción ridículamente ineptas y una historia que tiene poco sentido, tiene el pulso febril de una película clásica de serie B.
Desarrolla un irritante juego de 'al escondite' en su narrativa, duplicándose continuamente sobre sí misma. Ordenada, previsible, sumamente exigente en sus detalles y carente de la mínima pizca de humor.
Hay algo intrínsecamente ridículo en las películas de zombis. 'Shaun of the Dead' juega con habilidad con esa ridiculez y logra una recompensa a nivel dramático.
La secuela es una comedia de terror adolescente descuidada y mal interpretada, con un montaje demasiado frenético que dificulta la generación de suspense, además de contar con efectos especiales de baja calidad.
Ozon logra que lo viejo parezca renovado y original. En el fondo, es una comedia francesa superior, una interpretación más atractiva, relajada y sofisticada de 'La Cage aux Folles'.
Una comedia sobria y sofisticada sobre el adulterio y la experimentación sexual, sin la carga que las usuales convenciones emocionales tienen en las películas con personajes que van más allá de los límites convencionales.