Inmersivo, pero con una visión del futuro muy típica. No es tanto un trabajo de intensa y relevante ficción especulativa como una pieza de nostalgia por la ambientación futurista que ya conocemos. A veces, incluso logra funcionar.
Funciona mejor como un retrato de una comunidad que como un juego de misterio, ya que pierde enfoque al tratar de resolver y reflexionar sobre las historias.
A pesar de explorar la hipocresía de sus personajes, la obra falla al reducir a sus protagonistas marginales a simples observadores de las dificultades que enfrentan los blancos.
La torpeza de los efectos arruina esta fantasía histórica que llega tarde. No permite explorar adecuadamente las relaciones entre los personajes, y el clímax resulta falto de intensidad.
Confunde ambigüedad con profundidad. Su aparente autenticidad no aporta suficiente peso dramático a personajes que resultan ser meramente arquetípicos.
En su búsqueda de lo absurdo, la película ignora por completo la posibilidad de establecer una noción de normalidad. Además, la escasa información sobre la vida personal de los personajes convierte cualquier referencia a ella en algo sorprendente.
Cada vez que se intenta desarrollar a los personajes, la película se siente amateur. Se trata de una historia de venganzas bastante típica que avanza con lentitud hacia su desenlace.
En esta segunda temporada, ya no hay duda sobre la cordura del protagonista, pero se ha perdido esa sensación de incertidumbre. En su lugar, se presenta una vida en la que los problemas se resuelven de manera poco creíble.