Las imágenes son impactantes, aunque la duración no busca el espectáculo. Frammartino promete un viaje profundo. Algunos estarán dispuestos a acompañarlo en esta exploración, mientras que para otros será como chocar contra una roca.
Guadagnino construye una premisa intrigante. Sin embargo, 'Bones and All' apenas avanza desde su punto de partida. El filme es exactamente lo que promete: el viaje de una joven caníbal. Es correcto y está muy bien realizado.
Destaca sobre todo el malestar construido a fuego lento, cómo la caída de la princesa hacia el fondo arrastra consigo al espectador. Ante una vida tan extraordinaria, eso sí, la película se mantiene comedida.
Mantiene cierto interés durante todo su metraje. Y planteará en muchas salas comerciales una reflexión más que necesaria. Muchos de sus diálogos, sin embargo, caen en la tentación de la evidencia.
A base de primeros planos, colores oscuros y la interpretación de Borghi, la pantalla incomoda constantemente al espectador y le abofetea con la progresiva destrucción del protagonista.
Cooper se presenta de manera sorprendente, y su actuación, junto a la de Mulligan, se destaca como una de las más acertadas de la película. Además, el uso cuidadoso de las elipsis y las transiciones de escena son brillantes. Sin embargo, en términos generales, la narrativa sigue el patrón común de muchos biopics.
Demuestra que el veterano autor aún tiene mucho que ofrecer. Es una entretenida comedia negra que brinda frescura, giros inesperados, inteligencia e ironía. Además, presenta un colosal enredo tragicómico.
Logra el difícil reto de construir una sátira alrededor del dictador y su impacto en el Chile de hoy en día sin banalizarlo ni olvidar sus atrocidades. Ambición, diálogos inteligentes y una hermosa fotografía en blanco y negro. En tres palabras: cine de autor.
Añadiendo violencia, amor, Shakespeare y drag queens, Besson compone un thriller que corre, pero sabe tomarse sus pausas; que a ratos inquieta y otros conmueve. Mérito de la dirección. Del guion. Y de las interpretaciones.
La inquietud se respira en cada instante, como un órdago a una mesa de póquer. Los espacios claustrofóbicos y la música disonante tensan los nervios del espectador. Cine del bueno. Incluso más: memorable.
El espectador queda intrigado hasta que la anarquía inunda la pantalla, lo que genera diversas reflexiones. Sin embargo, al final, casi no se encuentra nada relevante, salvo la actuación de los artistas.
Sorogoyen demuestra su habilidad al narrar con maestría escenas que involucran a múltiples personajes. La película se desarrolla de manera fluida y natural, manteniendo un tono intrigante que atrapa al espectador.
Tras ver dos episodios, el veredicto es mixto. Se esfuerza por construir una pareja convincente, pero la tensión que creó Bergman ha disminuido. Sin embargo, parece que la serie tiene potencial para mejorar con el tiempo.