No hay crédito de fotografía, lo que sugiere que Cassavetes añadió ese sombrero a su guardarropa de guionista y director, o que el verdadero culpable abandonó la ciudad antes que el pelotón.
Es el tipo de western que John Wayne y el productor y director Howard Hawks crean incluso en sus sueños. Sin embargo, en términos de nostalgia, no logra igualar las grandes epopeyas del pasado.
A pesar de la técnica relativamente primitiva y de las dificultades propias de filmar en los helados páramos de la Bahía de Hudson, cada instante de Nanook cumple con su fama.
Parece que la idea aquí es exponer y desacreditar la leyenda de Buffalo Bill, revelándola como la distorsión promocional que, en cierto modo, sin duda tiene que haber sido.
La ejecución carece de inspiración, lo que dificulta encontrar momentos de humor, y el guión no contribuye a mejorar la situación. La risa aguda de Reynolds se vuelve agotadora.
La carrera a campo través del título resulta casi totalmente accesoria a las actuaciones estelares. El efecto general es similar al de ver a la 'troupe' tomarse unas vacaciones.
Marcada por unas espectaculares imágenes de carreras de coches, es un intento acertado de huir de las películas anteriores sobre el mismo tema. La solución fue establecer un ambiente documental.
A veces, esta pobre versión de una 'sitcom' parece escrita por niños de cinco años para niños de cinco años, tanto que uno sospecha que el guion fue pintado con los dedos.