Glenn Ford, Morrow y Poitier ofrecen interpretaciones tan auténticas bajo la aguda dirección de Brooks que la película mantiene al espectador en un vaivén de emociones, arrojando momentos de súplica, indignación y temor hasta el final.
El elenco de personajes inadaptados y caricaturescos se mantiene casi sin cambios, y el verdadero atractivo de la película radica en su grupo de tontos bonachones. No hay que negarlo, su presencia invita a reírse de ellos.
La producción tiene una premisa que consiste en ofrecer deliberadamente diálogos absurdos, y la sostiene de manera razonable a lo largo de su breve duración.
Más comedia absurda que película de terror, es un despliegue ostentosamente bueno de efectos especiales y de sustos tan extremos que sólo pueden ser tomados a risa.
A partir de un material de terror tradicional que incluye pistas engañosas y movimientos repentinos en el encuadre, la directora Amy Jones crea secuencias de gran estilo.
Es muy disfrutable, gracias a la diversión de ver a la impredecible, sexy y peleona Griffith pasar de secretaria de Staten Island a genio de Wall Street.