Con mucha menos moral que 'Animal House' y sólo dos personajes de algún interés, se revela como un grito de conformismo desafinado y ruidoso. Es una oveja con piel de lobo.
Sospecho que la película será una especie de sentada larga e ininterrumpida para los propios niños a los que va dirigida, y una sentada aún más larga para los padres y tutores.
Es tan directa, inflexible y carente de crítica como los dos trabajos previos de Van Sant, pero su enfoque es más amplio y sus aspiraciones, más atrevidas.
Aunque no alcanza la intensidad dramática de 'American Buffalo' o 'Glengarry Glen Ross', el guion representa el debut de Mamet en la pantalla, y la dirección resalta cada uno de sus giros.
Si se reduce a su trama, es muy ligera. Pero la trama no es lo importante. La emoción proviene del hecho de estar viendo trabajar a un auténtico cineasta.
Es real. Es una farsa furiosamente grosera y verdaderamente loca que trata a sus personajes lunáticos con una solemnidad que coincide perfectamente con la forma en que se ven a sí mismos.
Como película no narrativa, es notablemente seductora. Las fotografías a color del National Geographic también son impactantes. Constituye un viaje extraño y entretenido.
Quiere ser divertida a toda costa y en ocasiones lo consigue. Sin embargo, sería preferible que permitiera al espectador descubrir por sí mismo dónde reside la gracia. Parece temer que la audiencia no comprenda el humor sin su intervención.
Es como globos de chicle sin sabor. Las maneras cinéfilas de Mr. Rappaport son tan simples y vacías como los amaneramientos de sus personajes. El resultado es una película que no trata sobre el aburrimiento, pero utiliza ese estado como su entorno.