Más allá de su uso del melodrama, 'Girl You Know It’s True' brilla en los momentos en que revela las complejidades del negocio musical mediante recursos 'meta'.
El problema más serio es que, al intentar ser una película de superhéroes en su totalidad, falla. Sin embargo, brilla cuando se transforma en una mirada satírica hacia la década de 1980.
Cumple tres funciones: ofrecer una buena muestra de cine musical, acercar a Occidente canciones muy destacables y servir de bálsamo tras ese monumento a la hipertrofia de gama baja titulado Bohemian Rhapsody.
Acumula una colección de presuntas sorpresas que carecen de originalidad, las cuales no sorprenderán a quienes hayan visto películas recientes en la misma línea.
Sus colores suaves de acuarela distan de evocar suavidad o dulzura. Todo lo contrario: transmite una impresión de frío reseco. De este modo, la historia va cobrando una cualidad casi de pesadilla.
Una película de aventuras divertida y entrañable, aunque presenta algunos problemas de forma. Es entretenida, pero podría aportar más: Carol Danvers merecía alcanzar mayores alturas.
Rechaza de lleno el melodrama asociado a las narrativas sobre el síndrome. Un diario de la década de la peste que prescinde de las hagiografías y el falso pudor.
Una película menor, pero muy entrañable, dentro del catálogo marvelita. No aparenta ser otra cosa que un trabajo liviano y disfrutable; esa es su mayor virtud y la mejor lección que Marvel podría aprender de ella.
Aguanta sobradamente el tipo como película de superhéroes, o como película a secas. La 'bat-película' más gótica desde los días de Tim Burton: no es perfecta, pero da ganas de más.
Los dos primeros tercios de la película se sostienen de manera efectiva. Sin embargo, la escasez de humor y el enfoque monótono de Billy O'Brien terminan por restarle atractivo al desarrollo de la trama.
Carlyle nos cita en su peculiar barbería de los horrores, donde el talento del personal es esencial para que la película tenga su encanto. Destaca una Emma Thompson, tanto infernal como hilarante.
Un montaje agotador y veloz, carente de los momentos de respiro que permitían a las entregas anteriores de 'Star Wars' desarrollar su sentido de la maravilla. El final carece de frescura, alegría y la Fuerza que ha caracterizado a la saga galáctica.
Una película de Han Solo donde el propio Han Solo resulta ser lo menos interesante. ¿Dónde reside entonces el valor del filme? Para empezar, en una estructura bien equilibrada y en una pléyade de secundarios sobresalientes.
Es ingenua hasta lo tontorrón y a su guion se le aprecian huecos evidentes. Sin embargo, esto no es un defecto, sino una gran virtud que le otorga al producto aquello de lo que 'El despertar de la Fuerza' carecía casi por completo en su segunda mitad: frescura, vitalidad y alegría.
El conjunto es tan intenso como nos hemos acostumbrado a esperar de su autor, pero su limitación de medios le da también el aire de una pausa, o un compás de espera.