Aguanta sobradamente el tipo como película de superhéroes, o como película a secas. La 'bat-película' más gótica desde los días de Tim Burton: no es perfecta, pero da ganas de más.
Los dos primeros tercios de la película se sostienen de manera efectiva. Sin embargo, la escasez de humor y el enfoque monótono de Billy O'Brien terminan por restarle atractivo al desarrollo de la trama.
Carlyle nos cita en su peculiar barbería de los horrores, donde el talento del personal es esencial para que la película tenga su encanto. Destaca una Emma Thompson, tanto infernal como hilarante.
Un montaje agotador y veloz, carente de los momentos de respiro que permitían a las entregas anteriores de 'Star Wars' desarrollar su sentido de la maravilla. El final carece de frescura, alegría y la Fuerza que ha caracterizado a la saga galáctica.
Una película de Han Solo donde el propio Han Solo resulta ser lo menos interesante. ¿Dónde reside entonces el valor del filme? Para empezar, en una estructura bien equilibrada y en una pléyade de secundarios sobresalientes.
Es ingenua hasta lo tontorrón y a su guion se le aprecian huecos evidentes. Sin embargo, esto no es un defecto, sino una gran virtud que le otorga al producto aquello de lo que 'El despertar de la Fuerza' carecía casi por completo en su segunda mitad: frescura, vitalidad y alegría.
El conjunto es tan intenso como nos hemos acostumbrado a esperar de su autor, pero su limitación de medios le da también el aire de una pausa, o un compás de espera.
Entrañable gracias a su espíritu pulp y su desmesura. 'Aquaman' funciona como un placer visual, y agradecemos este viaje a las profundidades de lo kitsch.
No podemos dejar de preguntarnos si esta película esconde algo más, si en la historia que relata hay más detalles ocultos. Es un biopic que no hace demasiadas concesiones.
Una suerte de 'Billy Elliot' de la Guerra Fría, elaborado con sentido de la oportunidad pero con aires francamente rancios. No hay en la película nada que pueda excitar o interesar al espectador.
En su esfuerzo por revitalizar la franquicia dejando de lado el kitsch y optar por una acción más empoderada, el filme de Banks termina renunciando a lo que la hacía especial y entrañable.
Cinta modesta y eficaz, un thriller de guerra que seguramente atraerá a los aficionados del género, pero que no presenta ningún prodigio en su narrativa.
Presenta un primer tercio que podría resultar poco atractivo para algunos, debido a su presentación simple y diálogos excesivamente expositivos. Sin embargo, después se adentra en el tema central que realmente importa. La denuncia que realiza es necesaria, aunque su representación sigue una fórmula predecible.
Aprovechando el poder iconográfico de la tecnología para exponer datos y utilizando el carisma de su heroína, el filme se aproxima más a Silkwood que a Erin Brockovich.
El interés de la cinta radica en sus poco frecuentes momentos cómicos y en unas imágenes de archivo que sorprenden por su intensidad. Sin embargo, lo que más destaca es la verdadera historia que ha servido de inspiración.
La película falla en su ejecución y el mensaje queda a medio camino, lo que hace que las imágenes inéditas y las innovaciones no logren satisfacer al espectador.
Escaso esfuerzo invierte la película en ganarse el aprecio del espectador. Está claro que nuestra admiración sí le interesa, pero la conquista de nuestros corazones apenas parece quitarle el sueño.