Mezcla de comedia frívola y melodrama emocional, el filme de Honoré retoma la esencia de la nouvelle vague. Con un ambiente impregnado de canciones pop, la película irradia un espíritu lúdico y un enfoque creativo hacia el cine y el espectador.
Mala noticia: 'The Room' no es tan mala como dicen. Es mala, sí, pero eso de “la peor película de la historia”… ¡vamos, gente, no hay que ser irrespetuoso! Pero OK, que es mala es mala, y tiene sus momentos divertidos.
Sala maneja con precisión tiempos y tensiones, mutismos y estallidos de violencia, dejando que crezcan sin forzarlo y logrando una veracidad infrecuente.
Un toque de policial negro y mucha locura americana, producto de la clase de excentricidad que genera el culto extremo al individualismo, en un país que por algo está gobernado por quien está gobernado.
Es desaforada, hiperbólica, llena de efectos especiales y con un vértigo de puesta en escena que revela aún más, por contraposición, la oquedad de todo aquello que no puede ser manipulado por computación.
'Rams' es un cuento clásico, narrado con la sequedad que el ambiente y la gente imponen. Hákonarson no se entretiene con el paisaje. Sabe que con plantar la cámara una o dos veces en exteriores será suficiente para transmitir la sensación de inmensidad.
La velocidad, el ritmo sostenido, la acumulación, el humor físico y algún buen personaje nuevo hacen que esta cuarta parte de la saga supere a sus antecesoras.
Comedia sobre la ilusión de eterna adolescencia y sobre el mundo adulto como tragedia, la película se balancea entre ambos mundos. En su debut cinematográfico, el creador de la serie animada 'Family Guy' pinta una América poblada de psychos.
Tiene lo que toda película para toda la familia debe tener: buena energía, calidez, personajes creíbles y de buen corazón, así como un director que refleja esa misma credulidad y buenas intenciones.
Aun con sus fallos, el film que protagoniza Liam Neeson hace gala de una vuelta de tuerca final que, para los estándares de la industria actual, lo acerca a la herejía.
La versión del siglo XXI de la historia del esclavo judío y el traidor romano no logra sostenerse del todo, aunque cumple con lo que se ha convertido en un clásico, incluso oscurece el aspecto de la crucifixión de Jesucristo.
Los personajes encajan en ideas previas como palomas en sus casilleros y otro tanto hace la narración, al servicio de un guión al que se ajusta como quien se ata a un destino indeleble.
'Liborio' arranca de la historia esta figura, con un estilo narrativo que, más que la suma de peripecias propias del tiempo histórico, lo ancla en un tiempo meditativo, introspectivo, ambiguo. Mítico, en suma. Virtudes todas del realizador debutante Nino Martínez Sosa.
El director de La humanidad había explorado anteriormente el humor absurdo en el telefilm 'P’tit Quinquin' y en esta ocasión retoma ese estilo, aunque no con la misma efectividad.
Remite a la antigua tradición del cuento de misterio, en este caso en clave fantástica. Un tipo de relato que puede hacer de la palabra “miedo” algo bien concreto, sin que pierda resonancia.
Este film se conecta profundamente con la verdad de sus personajes, presentando una sobriedad que permite que incluso los tópicos más comunes del folletín se perciban de manera diferente.