Enérgico debut como autor total con soberbia fotografía en blanco y negro altamente contrastados de Philipp Kirsamer, toma la forma de un innombrable descenso a los infiernos citadinos, en paralelo con el modélico catastrofista individual Después de hora de Scorsese.
Logra hacer patente, inminente y evidente a cada instante que lo mental es, ante todo, en términos cinematográficos, un asunto conductual y corporal al acogerse y consumar con genuino virtuosismo un relato tan realista como genérico y artificial.
El vampirismo corrupto impone la obsesiva e insidiosa negatividad absoluta que se articula a tambor batiente en la grisura desolada de fuliginosas imágenes en blanco/negro.
¡Que viva México!' recae en formas archiconocidas, como la proliferación de criaturas estereotipadas, y una necesidad voraz por provocar una risa facilona y retropopulachera.
Convoca una aparente trivialidad cotidiana y desdramatizada para dar una inesperada vuelta de tuerca al horror corporal tan viscerosófico cuanto cerebralmente inaugurado por los maestros universales Cronenberg y Lynch.
Ofrece la suprema originalidad narrativa de plantear en un apabullante tono sardónico la dicotomía entre el dominio y el poder dentro de un ámbito casi exclusivamente femenino.
Consigue de admirable manera tersa un extraño y asombroso acuerdo entre la diafanidad de una lisa escritura fílmica y la tenebrosa oscuridad de una distopia de hondas prolongaciones filosóficas.
Una alegoría zoológica caricaturesca y antihumanística que se presenta desde los créditos, donde los productores asumen el indomable papel de los leones, mientras que el realizador interpreta a un inofensivo zorrito.
Señala, detalla y desmonta al Ego interior e irreconocible e inconfesable, con todas sus trampas y subterfugios brutalmente superpuestos como espejos enfrentados. una simple faramalla desinflada, mucho ruido y pocas nueces.
Se coloca bajo la bandera prestigiosamente transgresora para realizar, con un agudo humor anglocanadiense, un compendio de las tensiones cronenbergianas que van del horror biológico de 'Rabia' o 'Engendros' del mal a la sobrecarga novelística.
Toda una parafernalia mixta de cine de aventuras a la intemperie imaginativa, thriller hiperviolento, horror film superabusivo, fábula pánica y reivindicada alegría de vivir repleta de elementos absurdos y descabelladas escenas de colección.
Enfila toda la carga pesada de su fábula psicosociológica, típica de cierto cine andino adulto y culto pero sordo y gris, contra el poder judicial, con cualquier tópica, pintoresca, pícara y abyecta cantidad de arreglos y “cojudeces por el estilo”.
Dicta, impone y armoniza una visualidad fulgurante en este supremo thriller exotista para magnificar hieráticos movimientos mortificantes, actitudes sanguinarias culminando siempre en acciones/atracciones sanguinolentas y crueldades explícitas.
Conmovedor debut describe y narra incansablemente de forma contemplativa y dulce, a la vez que vehemente, oscilando entre la tensión del presente y la frustración del pasado.