La última excentricidad de Wes Anderson, otro ejercicio de posmodernidad desatada. Dividida en actos, la película intercala escenas en blanco y negro sobre la creación de una obra teatral, para volverla aún más ilegible e indigesta.
Pavlikovski muestra su aprecio por lo clásico y, al igual que en 'Ida', realiza una filmación en exquisito blanco y negro. Sin embargo, lo más notable es su habilidad para representar de manera convincente el choque de personalidades en un tiempo y lugar donde era necesario hacer múltiples concesiones.
La realizadora ha hecho una biopic atípica en el cine mexicano, que se salta los lugares comunes del género para brindar una visión muy personal de la vida amorosa y obra feminista de Rosario Castellanos, encarnada con virtuosismo por Karina Gidi.
En su desigualdad, '¡Salve, César!' no deja de parecer una obra menor, sobre todo frente al alto nivel al que los Coen nos tenían acostumbrados en su filmografía reciente.
'Carol' es un romance ejecutado con gran destreza y sofisticación. La cinta se sustenta en las extraordinarias interpretaciones de Blanchett, cada vez más sutil, y Mara, quien muestra una vulnerabilidad que la hace ser capaz de arriesgarlo todo.
Un convincente melodrama, la película trasciende su adscripción LGBT. El carácter lésbico de la relación no trae consigo ningún rechazo social, ni es causa de conflicto dentro de la pareja.
King muestra en 'Judas y el mesías negro' un gran sentido del periodo histórico recreado, así como una intuición comercial para filmarla como si fuera un thriller noir.
Se cuenta entre sus mejores. El tercer acto de la película parece afianzar la postura crítica y la desesperanza de la protagonista. Sin embargo, Konchalovsky se permite una nota esperanzadora al final.
Lo indudable es la fuerza emotiva de su discurso y la serenidad con la que el creador asume su sutil carga dramática. Y el depuramiento de su oficio ha llegado a niveles igualmente admirables de madurez, sin pasar por la ostentación.
Guerra utiliza un enfoque mitológico para contar lo que, en esencia, es una historia de gangsters latinoamericanos. Los creadores optan por un tono sobrio que se aleja de los excesos violentos comúnmente asociados con las películas de narcos.
Se abusa tanto del término obra maestra en esto de la crítica, que uno lo usa con precaución. Pero no hay otra forma de describir el décimo largometraje de Del Toro, una amalgama hermosa y cruel de sus obsesiones primordiales.
Una sucesión de estilizadas viñetas que, esencialmente y de forma monótona, describen su hedonismo a través del sexo gay, las drogas y el alcohol. Los detalles de esa forma de vida sobre el carril rápido son vistos de forma superficial.
Diego Luna ha dado un brinco en sus ambiciones. Se trata de un biopic bienintencionado y oportuno sobre la figura de Chávez. La gran fuerza de la película radica en su convincente reparto.