De nuevo, entonces, Jim Jarmusch nos toca con una historia y un personaje sencillos y corrientes, pero llenos de poesía. Además, con el mérito de hacer el relato de una rutina sin que parezca tediosa.
No es una película que destaque por su atractivo visual ni narrativo. Solo en ocasiones intenta ofrecer soluciones creativas en una trama centrada en las conversaciones entre personajes, lo cual resulta insuficiente.
La conexión con la naturaleza permea el relato de manera emocional, estética y minimalista, similar a un haikú. Este espíritu se refleja a lo largo de la concepción visual y narrativa de la película.
Se trata de un relato que transcurre sin muchos sobresaltos en lo que parece la cotidianidad de este hombre y sus allegados solucionando un problema importante. No obstante, y esta es tal vez la principal virtud de la película, con una sutileza casi imperceptible.
Una película con una premisa poderosa y llena de posibilidades ideológicas y dramáticas, pero termina por agotarse en la reiteración sin matices ni profundidad y en la presentación de debates fáciles y provocadores.
Ver una película de Woody Allen no es simplemente ir a cine, sino que es como ir a visitar a un amigo, hablar de los temas de siempre, reír con sus viejos chistes y disfrutar de su agradable y estimulante compañía.
El conocido drama de enredos sentimentales y conyugales del cine francés, pero esta vez potenciado por un tema siempre presente en los diálogos y en una trama cargada de ingenio, humor e intelectualidad.
Un relato que se basa casi por completo en los diálogos. Esto puede hacer que, en ciertos momentos, resulté una película densa e incluso monótona, exigiendo así que el espectador esté dispuesto a conectar con el tema y el personaje.
La ficción en el cine es un arte que se basa en la manipulación, pero debe ejercer esa influencia sin que se perciban las costuras o trucos. Si la intención del director es demasiado evidente, se pierde la esencia. En esta película, desafortunadamente, eso es exactamente lo que sucede.
Son relatos que empiezan y se desarrollan con el encanto exótico y aventurero de las historias del Viejo oeste, pero que terminan con un mazazo después del cual empieza en la cabeza del espectador otro proceso de revisión.
El arte y su protagonista son recursos utilizados por este director sueco para cuestionar la sociedad europea contemporánea. En un relato que contiene diversas ideas y situaciones, se propicia la reflexión y la crítica propuestas en su premisa.
Una propuesta diferente. Con este tipo de súper héroes aumentan las posibilidades de hacer filmes menos predecibles, más ingeniosos argumentalmente y menos uniformados en sus planteamiento éticos.
Cine original y estimulante visual y argumentalmente que, por demás, también deja pensando acerca de asuntos esenciales de la vida, ya sea los modestos momentos de la cotidianidad o las grandes cuestiones de la existencia.
González Iñárritu utiliza recursos conocidos que enfatizan su mensaje o manipulan las emociones del público. Aunque le falta la narración intrigante de sus tres primeras películas, mantiene el uso del falso plano secuencia, que en algunos momentos resulta efectivo pero en otros se siente como una mera muestra de técnica.
No es de las mejores películas de David Cronenberg, hay que reconocerlo, pero sin duda se trata de un filme sin moldes ni fórmulas, una agria visión de un universo tan retorcido como los de sus películas.
Una historia sin conflicto aparente, sin sobresaltos, sin un único protagonista, sin un tema evidente, sin giros argumentales y, aun así, es una historia encantadora y envolvente, de una sutileza casi hipnótica.
El relato presenta una narración inteligente y profunda, repleta de instantes conmovedores y divertidos. Es una obra que toca las emociones y también estimula la mente.